Título: Long Weekend
Director: Colin Eggleston
Año: 1978
País: Australia
Duración: 92
Peter y Marcia son una pareja que se va a pasar un fin de semana a una playa totalmente olvidada y apartada para poder descansar. No obstante, la idea de diversión de Marcia es bastante distinta a la de Peter, y las discusiones parecen ser la tónica común en la relación. Y para colmo, no tardarán en descubrir que los seres vivos de la zona están bastante de acuerdo con Marcia en que no deberían estar allí.
La idea de animales atacando a las personas en venganza por los excesos cometidos en la era moderna se ve aparecer ya desde los films de serie B de los 50 como La Humanidad En Peligro, donde la radiación convertía a los animales en seres grotescamente grandes, y que después podríamos ver evolucionada en Los Pájaros, Tiburón, o El Alimento De Los Dioses, donde la naturaleza ya tomaba de un modo un poco más propio la venganza. Idea que a grandes rasgos se coge en la presente cinta, aunque se ve una originalidad a la hora de plantear la idea de la naturaleza como representante directo del mal, o más bien debería decir como un ente que rivaliza directamente con el ser humano por medio de métodos violentos. Es decir, el mal para los espectadores urbanitas (similar al Cabrón Del Campo).
No deja de llamarme la atención respecto al film el planteamiento de los dos personajes principales como dos personas tremendamente insoportables, logrando que el espectador los deteste aún a pesar de ser los absolutos protagonistas de todo el metraje, y de hecho casi los únicos humanos que vemos en pantalla, y por tanto los únicos con los que el espectador podría tener una cierta catarsis. Con esto, realmente se logra la alegría y jolgorio ante las cosas que les ocurren, pero al mismo tiempo, los momentos de tensión se orientan para sufrir poniéndonos de su lado, por mucho que podamos llegar a ver la venganza de la naturaleza como algo justo.
Para todo ello, se va ejecutando en un esquema in crescendo el nivel de virulencia de los ataques, consiguiendo un ritmo que, aunque llegue a ser excesivamente rápido y poco explicativo en la primera mitad de la cinta, sirve para ir poniendo mal cuerpo al espectador, al tiempo que lo va introduciendo y preparando para el final, punto fuerte del film, donde se acumula toda la tensión, usando una estructura propia y característica de thrillers como Perros De Paja o The Baby. De todos modos, hasta llegar a este tramo final, la violencia apenas se va haciendo presente, y el film se ve supeditado a un avance mediante elipsis y diálogos que provocan demasiados altibajos al carecer de una presentación lo suficientemente detallada como para que nos importe la situación de la pareja, salvando los buenos momentos hacia el final con creces los problemas narrativos y de ritmo que podrían plantear los más lentos.
Destacar, desde el punto de vista técnico, el buen uso de los momentos de susto inmediato, que ya desde su colocación en el guión por parte de Everett De Roche sirven de buen sustento para mantener alerta al espectador y apoyar la narración. Pero que además Colin Eggleston sabe conseguir que funcionen bien, con lo inesperados que deben ser, gracias a la no utilización de músicas que pongan alerta y aprovechando el ambiente casi idílico en que se desarrolla su puesta en escena tan tranquila pero extraña al mismo tiempo. Ambiente idílico que, además, Vincent Monton ayuda a conseguir con su trabajo de director de fotografía, bastante apropiado y bien llevado dentro de la grabación en exteriores que fundamenta casi todo el metraje. Exteriores que también hay que reconocer que ayudaban en esa ambientación que se consigue. Al respecto de todo este aspecto de uso de cámara, destacan negativamente los malos falseamientos de los ataques, donde se nota demasiado la falta de presupuesto y queda bastante cutre en más de un momento. Ah, y citar y echar en cara que por mucho mensaje pseudoecologista que pretende tener, hay animales sufriendo daños en algunos planos para ganar en efectismo.
El montaje de Brian Kavanagh, apoyando con bastante acierto esta tranquilidad extrañada con que se desarrolla el film, y apoyando también por desgracia los malos falseamientos de los efectos de los ataques, provocando que se noten demasiado los muñecos, etc. Eso sí, también hay que reconocerle el correcto trabajo en cuanto a la parte final, llena de tensión, y donde se establece un montaje paralelo muy correcto mostrando a ambos protagonistas y haciendo que el espectador realmente vibre por ellos.
En cuanto al sonido, destacar la introducción constante que hace Peter Burguess de ls gritos del dugongo y otros animales, apoyando con esto la tensión y extrañando toda la tranquilidad del paraje, y también ayudando en la introducción de los sustos inmediatos que comentaba anteriormente. Aún así, en ocasiones todo este uso de los gritos de los animales se vuelve demasiado falso y saca un poco de la película al espectador.
El principal problema que tiene el film a nivel general, recae en las actuaciones, y no es que sean especialmente malas, sino que son dos personajes con demasiado peso en la historia y que parecen hacérseles grandes a los actores, especialmente a Briony Behets, que deja a su personaje en un punto demasiado falso y frío, cargándose mucha de la carga dramática que podría tener toda la historia. John Hargreaves por su lado, tampoco llega a crear a un personaje demasiado profundo, pero al menos sí consigue en cierto modo transmitir algo de él, y hacerlo creíble, aunque solo sea en lo justo.
Resumiendo, un film curioso y original que pierde demasiado por el poco interés de los protagonistas, aún a pesar de estar relativamente bien planteada desde el punto de vista técnico y narrativo (especialmente el final).
Originalidad/Riesgo: 8.0
Técnica: 7.0
Guión: 7.5
Actuación: 6.0
TOTAL: 7.0
lunes, abril 26, 2010
Long Weekend (Largo Fin De Semana)
martes, abril 20, 2010
The Baby (Jaula Sin Techo)
Título: The Baby
Director: Ted Post
Año: 1973
País: USA
Duración: 85
Baby (David Mooney) es un joven de 21 años que sigue viviendo con los hábitos de un bebé. Su madre (Ruth Roman) y sus hermanas (Marianna Hill y Susanne Zenor) se encargan por si mismas de su cuidado, hasta que Ann (Anjanette Comer), una asistente social, se cruza en sus vidas y empieza a hacer algunas pruebas y acusarlas de que realmente Baby no tiene ningún retraso, sino que está en ese estado porque ellas lo mantienen así. A partir de aquí, la realidad irá surgiendo hacia el espectador sobre lo extraño de la familia y la situación en general.
A veces, uno se encuentra de repente, y casi sin aviso, con películas que destacan por su extrañeza y/o calidad, y si resulta que apenas son conocidas, se pregunta durante días por qué no están en el altar del cine de culto en que están cosas que se lo merecen mucho menos. Y esto es algo que, realmente, me sucedió con el presente film, una joyita escondida que representa perfectamente la esencia de la narrativa de los años 70 y sus extrañas ideas, metiéndose directamente en ese saco de cosas como Masacre En El Condado De Cuello Rojo, Zardoz o Switchblade Sisters tanto en cuanto a década como a esa sensación de que deberían estar mucho más reconocidas de lo que están.
Aquí la lo que destaca por encima de todo es el tremendo bizarrismo que presenta el guión de Abe Polsky, que nos transporta a situaciones enfermizas y giros que van siempre hacia lo más chungo que podemos imaginar, todo ello planteado desde un punto frío y puramente narrativo y sin llegar a involucrarse excesivamente con ningún personaje o con la historia. Para esto se plantea la narración en base a momentos de la historia en cierto modo sueltos y no puramente enlazados entre sí, dejando muchos puntos vacíos pero evitando que el espectador los eche en falta, y manejando con esto la mente del espectador de un modo que, como en La Profecía, no deja clara la realidad de lo que ocurre y permite varias interpretaciones a la historia, todas ellas enfermizas por uno u otro motivo, sin perder en ningún momento lógica.
De todos modos, esta fragmentación y separación entre escenas provoca una serie de errores de lógica en los diálogos en cuanto a que estos se ven obligados a explicar en varias ocasiones los tiempos narrativos, explicando al espectador el tiempo que ha pasado, pues todo parece un tiempo continuo, tal y como ocurría en The Cremator, pero sin la intencionalidad ni originalidad de los cambios del film checoslovaco. De todos modos, esta estrategia también sirve para conseguir un ritmo cojonudo, aunque muestre un pequeño bajón en la parte media, mientras se prepara el intenso final donde habría que destacar la soberbia tensión que se consigue, y el extrañamiento que supone esa especie de epílogo que contiene, donde realmente la felicidad mostrada esconde demasiadas cosas oscuras y feas.
Para este epílogo final tan extraño y original, ayuda en gran medida el trabajo de Ted Post como director, que nos lo muestra en una imagen idílica, aún a sabiendas de que no lo es tanto una vez analizada. En cuanto a su trabajo en el resto del film, la puesta en escena en muchas ocasiones puramente televisiva choca con planos que ayudan a subjetivizar la extrañeza de la acción permitiéndose experimentar un poco, estando especialmente situados en momentos con fuerza, y apoyando con esto el ritmo global del film. Además, a esto le apoya la dirección de foto de Michael D. Margulies, perfectamente natural y poco evidente en la mayoría del film, aunque aprovechando el clímax final para enrarecer el ambiente mediante juegos imposibles, que tienden a desorientar al espectador, aunque ayuden en darle fuerza al conjunto.
El montaje, hecho por Dick Wormell y Bob Crawford Sr., pues en gran parte también culpable de esa sensación de continuación de la acción entre escenas que citaba anteriormente y que lía un poco la mente del espectador, aunque consiguiendo un trabajo bastante decente en cuanto al ritmo con que presenta la historia.
Y el sonido, un trabajo curioso cuanto menos, donde destaca por encima de todo la utilización constante de sonidos de bebé en lugar de la voz de David Mooney, ayudando en todo el extrañamiento del que hace gala y en la ambientación enfermiza. En cuanto al resto, pues aunque destaca en algunos momentos la postproducción del audio, como cuando le dan la paliza a la canguro, en general está bastante bien a pesar de que el ambiente se quede demasiado aislado y pierda credibilidad por ese lado, aunque le dé mucha más cercanía a los personajes y extrañeza subjetiva al conjunto. La música, bastante adecuada, apoyando donde hace falta al relato y lo que transmite, aunque sin destacar demasiado por ninguna característica concreta.
Las actuaciones, con un nivel global más que adecuado, aunque no sobresaliente. En el caso de David Mooney, pues un personaje con dificultades que solventa bastante bien, destacando la cara inocente que logra poner en muchos momentos, aunque en otras ocasiones se quede sin recursos para conseguir seguir siendo un bebé y expresar lo que intenta expresar a los otros personajes. Anjanette Comer, por su parte, mostrando bastante bien en la mayoría del film la frialdad y falta de personalidad que el personaje requiere, en contraposición a los momentos más desquiciados, que también están bastante conseguidos.
En el caso de Ruth Roman, su creación del personaje se vuelve muy extraño y lleno de variaciones, dando pie a un personaje contradictorio (necesario para el guión) y que no acabamos de poder conocer. Aún así, se excede en más de una ocasión, llegando a resultar falsa. Y Marianna Hill y Susanne Zenor pues las más bajas de entre los personajes importantes de la historia, forzando ambas sus papeles, aunque logrando que sus personajes funcionen lo suficientemente bien.
En resumen, un film cojonudo, lleno de momentos que destacan lo enfermizo de sus personajes y su historia en general, y que técnicamente consigue situarse en el punto correcto, aunque plantee algunos errores de guión o interpretación.
Originalidad/Riesgo: 10.0
Técnica: 8.0
Guión: 8.5
Actuación: 7.0
TOTAL: 8.5
martes, abril 13, 2010
Mega Shark Vs. Giant Octopus
Título:Mega Shark Vs. Giant Octopus
Director: Ace Hannah
Año: 2009
País: USA
Duración: 89
En unas pruebas militares, un glaciar es destruído. De allí surgen dos monstruos gigantes: un Megalodón y un Pulpo Gigante. La casualidad quiere que Emma (Deborah Gibson), una científica amante de los animales, esté por allí poniéndoles música de Bach a las ballenas, y vea todo lo ocurrido. Uniéndose a su antiguo profesor, Lamar (Sean Lawlor) y a un colega japonés, Seiji (Vic Chao), y tras ser obligados y controlados por los cuerpos militares de USA y Japón, intentarán salvar al mundo de la destrucción a la que estos dos titanes pueden llegar a someterlo.
Hablar de cine de grandes criaturas que amenazan el mundo y citar cosas como Godzilla (Japón Bajo El Terror Del Monstruo), King Kong o las series B americanas de los 50 como podría ser Them! (La Humanidad En Peligro) no es que sea nada especialmente original. Pero si usted cita en una conversación de esas características algo como Mega Shark Vs. Giant Octopus, seguramente mucha menos gente la haya visto. Y no es nada que reprocharles, la verdad. De entrada ya por la fama que tienen los chicos de The Asylum.
Y es que es curiosa una producción de esta empresa que no explote videográficamente ningún éxito de última actualidad, y ni siquiera una tendencia genérica de moda, encontrándose como únicas pelis de cierto reconocimiento a las que se le puede encontrar similitud en cuanto a esto de los monstruos gigantes siendo un poquillo anteriores The Host o Cloverfield (Monstruoso). Y curiosamente también, se trata de su primera peli que consigue estrenarse en cines.
Aún así, tampoco es que nos encontremos ante nada especialmente original ni demasiado bien planteado, aunque sí mucho mejor que otras cintas como Death Racers. Aquí lo que se nos presenta es la prototípica historia de monstruos de tiempos remotos que salen del hielo después de milenios congelados por culpa de la mano del hombre y sus irresponsabilidades, bebiendo de este origen del hielo al igual que en la lucha de titanes prehistóricos gigantes de King Kong Contra Godzilla, aunque con la diferencia de que Godzilla, que era quien salía del hielo, había sido congelado en la peli anterior de su saga, y no en la última glaciación, y además no se puede comparar el enfrentamiento de esos dos iconos pop con el de un Megalodón y un Pulpo Gigante que ni tienen nombre, por muy bien que funcionen también como iconos.
A esto se le suma un gran peso en lo presentado de la historia de los científicos, teniendo esto mucha más presencia en cámara por la facilidad y bajo coste a que puede ser grabado, sin necesidad de seguir metiendo animaciones 3D demasiado evidentes que podrían ser pasables para el espectador al pensar en el bajo presupuesto si no se presentaran de un modo ridículo con planos repetidos una y otra vez y un afán por intentar que parezcan serios con imágenes de archivo y demás trucos que parecen sacados de la mejor época del sr. Corman o lo que es peor, de Bruno Mattei.
Con esto, la historia se desarrolla por tanto en relación a los planes de los científicos y los militares para poder vencer a los dos leviatanes estructurándose en un montón de escenas que hacen evolucionar torpemente el relato y que además van perdiendo en coherencia a medida que pasa el tiempo. Llamar la atención al respecto de cosas como el citar pero luego obviar la destrucción provocada por los gigantes marinos y la repercusión que la misma se supone tiene a nivel social y mundial, centrándose solo en USA y citando Japón sin mostrar mucho más que un ataque a un puente que suponemos el Golden Gate, bastante divertido por lo cutre, casi tanto como el ataque al avión que hizo conocida la peli y sin embargo, al mismo tiempo introduciendo elementos de giro como la historia de amor entre Emma y Seiji que no aportan nada, y realmente solo sirven para seguir fracturando un ritmo ya de por sí inconsistente. Además, los diálogos deslumbran por lo ridículos que resultan, cuando no por lo evidentes, con una falta de lógica y de credibilidad de los personajes absoluta, y eliminando toda opción de salvar la narración del film.
Desde la parte técnica, destacaría el tremendo aspecto televisivo al que la fotografía de Alexander Yellen llega con el tratamiento que hace de la imagen digital, recordando, al sumarse a la evitación de mostrar demasiado el asunto principal de la historia para ahorrar gastos y al trasfondo militar de la misma, a series del calibre de Jag o Navy. Pero aún así, la verdad es que dentro de lo mal estructurado del guión por la fragmentación, Ace Hannah (AKA Jack Perez) consigue una narrativa lo bastante adecuada y que apenas molesta, salvo en algunos momentos en que se ve traicionada al evidenciarse en el montaje de Marq Morrison algún falseamiento de planos, como el momento donde están en la playa Vince (Jonathan Nation) y Emma, con el mar a ambos lados si nos fiamos de la continuidad, o en los supuestos exteriores que cantan a decorados de un modo brutal, como es la cubierta del barco.
Un montaje, por cierto, que es en gran medida el culpable de muchos de los males de la película. En primer lugar por la cantidad de raccords de movimiento y posición que podemos apreciar, rompiendo en muchas ocasiones la acción de los personajes, como es el caso de la playa que citaba antes, o el caso de la conversación entre Emma y Seiji donde se besan, en que la mano de ella desaparece por arte de magia de su cara en cada contraplano. También destacan las transiciones mediante fogonazo blanco, así como el uso de letreros constantes para situar al espectador, y eso por dejar de lado los absurdos montajes con las imágenes de CGI que repiten planos hasta 6 veces, o que hacen cambios constantes intentando que no se note que son digitalizaciones de lo más cutre, especialmente teniendo en cuenta las posibilidades con que podrían contar para arreglarlo de un mejor modo.
A esto se suma el sonido, con mucha presencia de graves para que cause buena impresión de fuerza en el espectador, como mandan los cánones, aunque sea vacío de contenido en muchas ocasiones, y sencillamente rellene todo lo que falta de acción y potencia en la imagen y el guión. Por tanto, al menos consigue su cometido, y en gran medida incluso logra acercarse a engañar en planos grabados en la cubierta de un barco y funcionando de fondo o en las muestras de las bestias marinas y las explosiones. Además, la banda sonora funciona medianamente bien en su tampoco excesiva presencia.
Y las actuaciones, pues tal y como son de esperar en un film de estas características, más bien vacías y simplonas, empezando por la protagonista Deborah Gibson, que no consigue llegar a enseñarnos quién es su personaje ni por qué actúa como actúa, aunque la verdad es que el tópico que interpreta tampoco necesita mucha más información que la que nos da, y al menos tiene algún momento de un mínimo buen hacer en cuanto a la enunciación. Sean Lawlor, por su parte, también acaba en ese vacío del personaje que podría dar mucho más de sí, pero ya sin siquiera la más mínima credibilidad de que es un científico tan válido como se supone que es. Y un poco mejor está Vic Chao, que al menos consigue que el espectador crea en su personaje y sus acciones e inteligencia.
En cuanto a la aparición estelar de Lorenzo Lamas, que se va arrastrando tras perder la categoría de Rey de las Camas, fuerza a un militar sin demasiado sentido que ni siquiera llegamos a saber si es bueno, malo o gilipollas, puesto que cambia en cada secuencia en que interviene, y tampoco él le da alas para ser nadie. Entre el resto, destacar a Jonathan Nation, quien en el poco tiempo que está en pantalla, hace un mínimo de desarrollo, para destrozarlo con su elocución falsa y forzada.
Por tanto, un film que, aunque resulta ser mucho mejor de lo que me esperaba, solo copia líneas y soluciones narrativas tópicas, y su factura es un despropósito exploit en el peor sentido habitual en una productora como The Asylum.
Originalidad/Riesgo: 6.0
Técnica: 6.0
Guión: 4.0
Actuación: 4.0
TOTAL: 5.0
miércoles, marzo 31, 2010
Genghis Blues
Título:Genghis Blues
Director: Roko Belic
Año: 1999
País: USA
Duración: 88
Cuando Paul Pena capta como radioaficionado una emisora de Moscú donde suena un extraño sonido musical, se obsesiona con descubrir de qué se trataba. Llega así al canto difónico de la región te Tuvá, consiguiendo entrevistarse con el cantante más famoso de este peculiar estilo, Kongar-ol Ondar, quien lo llevará a un concurso de canto en la propia Tuvá al escuchar cómo consigue hacerlo Pena.
Les aseguro, aunque les parezca increíble, que más de dos de sus conocidos no sabrían ni situar en un mapa la República de Tuvá, y probablemente desconozcan su existencia como país independiente. De hecho, habitualmente cuando se habla del canto difónico solo se tiende a pensar en Mongolia, obviando otros países asiáticos donde también está presente, como Uzbekistán o Kazajistán o la propia Tuvá (aunque sea casi una parte de Mongolia), donde es parte fundamental de la cultura base, al igual que se obvian regiones como la de Cerdeña, donde también está presente en el folklore.
Y eso, ahora que empieza a tener una cierta repercusión en occidente, en gran medida apoyado por este documental y por la globalización, que nos permite beber más que nunca de lo que se experimentó en otros lugares del mundo a lo largo de la historia para aprender mutuamente, y así poder llegar a mezclar el canto difónico con blues, como es el caso de Paul Pena en la presente cinta o lo que harían Quest For Blood en su cd con Yukihiro Isso, o esas extrañas mezclas de todo tipo de cosas que hacen Estradasphere, o la música de Gogol Bordello…
Pues eso, que esto es un documental nacido justo en el previo a esa gran fase de globalización que fue la expansión de Internet, con un protagonista que descubre por casualidad la música tuvana jugando con su equipo de radioaficionado y quedándose enamorado de ella. Y a partir de ahí, su odisea particular, acompañado de un puñado de locos que ven interesante la experiencia, consiguiendo transmitir esa diversión y emoción que sienten en gran parte del metraje.
Uno de los problemas que encuentro, de todos modos, es el hecho de que se nota que está planteado con muy poca previsión, largándose demasiado a la aventura, y trabajando posteriormente para buscar un sentido lógico y dramático, empleando para ello mucha narración en off de entrevistas hechas a los protagonistas, y aún así consiguiendo frescura en ciertos momentos, además de una buena orientación hacia el espectador respecto a lo que está ocurriendo, pero cayendo en faltas de continuidad en algunos momentos y, en cierto modo, de lógica narrativa en otros. Especialmente notable es ese momento ya hacia el final donde se busca un giro mucho más trágico del viaje, forzando un intento de clímax de un modo bastante cutre, o el hecho de dejar cosas en el tintero, como serían las normas del concurso, momento más importante de toda la visita a Tuvá.
Un problema bastante grande, por tanto, también de la dirección de Roko Belic, que no consigue establecer una lógica narrativa, orientándose en varias partes a momentos sin demasiado interés para el espectador, y aparentando ser más un vídeo familiar, como sería cuando en la ciudad ven la graduación de las muchachas. No obstante, con esto también se logra una cercanía que ayuda en el entrar en el mundo de Pena y que el espectador se pueda emocionar en momentos como el del concurso.
Y es que el montaje que plantea está demasiado marcado por esa necesidad de seleccionar planos para buscar el dar ritmo y sentido concreto a las escenas y a toda la narración, y precisamente por ello carece de demasiada intensidad, aunque por suerte la historia contada tiene la suficiente por sí misma, y tanto con Paul Pena como con Kongar-ol Ondar el espectador es capaz de conectar desde un principio por su sencillez. Destacable también para mal el hecho de que en un par de ocasiones nos encontramos ante canciones tuvanas sobre imágenes que aparentan estar metidas solo con la intención de rellenar y alcanzar una duración, bajando el ritmo global.
El sonido, pues relativamente bueno, ya que aunque al respecto de la música (lógicamente lo más importante aquí) esté todo bastante bien y haya que perdonar los problemas que surgen al estar grabando la realidad en un documental, sí hay partes grabadas en estudio donde todo queda bastante fuera de lugar, notándose también algunas partes de montaje variando con ello las declaraciones de los personajes (aunque no su contenido (supongo)), o de las canciones.
En resumen, un documental entretenido, más por su historia y sus protagonistas que por su calidad técnica o su planteamiento narrativo, que no obstante sirve para mostrar bastante sobre el pueblo tuvano y su folklore, aún quedándose corto si esto es lo que se busca.
Originalidad/Riesgo: 8.5
Técnica: 6.0
Guión: 6.5
Interés: 7.5
TOTAL: 7.0
miércoles, marzo 17, 2010
Las Manos En Los Bolsillos
Título:I Pugni In Tasca
Director: Marco Bellocchio
Año: 1965
País: Italia
Duración: 105
Alessandro (Lou Castel) está cansado de su familia, y siente que no son más que estorbos, él incluido, para su hermano Augusto (Marino Masé), ya que es él quien tiene que cuidarlos teniendo en cuenta la ceguera de su madre (Liliana Gerace), los ataques que sufre él mismo y la deficiencia psíquica que sufre su otro hermano, Leone (Pier Luigi Troglio). Sólo su hermana Giulia (Paola Pitagora) es medianamente normal, y con ella conseguirá Alessandro una curiosa complicidad que le hará ver las cosas desde otro punto de vista.
Ante los problemas que presenta una familia disfuncional para sus miembros, hay muchas formas de actuar, sin necesidad de llegar a cargárselos. Qué sería de la familia de Leatherface en La Matanza de Texas (lo de que tuvieran apellidos fue cosa de la 2ª parte, así que no los denominaré por él), o de los protagonistas de A Dos Metros Bajo Tierra, si ese fuese el único modo de solucionar los problemas en familia?
Pero bueno, lo más tradicional es que la violencia, ya sea física o mental, sí haga acto de presencia, y ahí está Qué Fue De Baby Jane, Dogtooth, o incluso Jaula Sin Techo. Y que conste, que también se podría optar por los visitantes externos y demiúrgicos para solucionar los problemas, como ocurre en Teorema o en Visitor Q, pero eso ya son otras veredas más extrañas y filosóficas, como ocurriría con las hermanas de Gritos Y Susurros.
Pero aquí, la base que se toma para construir el relato es precisamente esa cuestión sobre el homicidio como forma de mejorar la estabilidad familiar, y de un modo tremendamente sobrio, aunque con una contundencia mucho menor de la que pretende tener, ya que al obviar prácticamente todo lo referente al exterior de la familia cae en un universo demasiado reducido, en el cual incluso deja demasiados tiempos elípticos. Aún así, logra no perder continuidad en el relato ni coherencia en él mismo (vale, alguna si, como la falta de investigaciones, sobre todo teniendo en cuenta lo extraño de la familia).
Además, el ritmo se hace bastante llevadero, teniendo en cuenta la enorme sobriedad con que está presentado, y se consiguen unos buenos niveles de tensión y suspense a medida que avanza la peli y va aumentando la demencia del protagonista, al mismo tiempo que, por encima, aparenta ser cada vez más maduro y coherente en sus pensamientos, jugando de este modo también con la percepción del espectador, y situándola muy cercana al propio protagonista.
Técnicamente, sigue también con esta tremenda sobriedad, con una ambientación muy cuidada, y una dirección de fotografía que logra, a través de una iluminación y una situación de la cámara muy bien planteadas, introducirnos en el ambiente de la familia y en la óptica del personaje principal, aunque con una apariencia de frialdad y objetividad que en cierto modo nos engaña como espectadores. Resaltable, al respecto del buen uso de la cámara, son los travellings que rodean a Alessandro, en momentos como ese en el que está al lado de la curva, él solo.
También desde el montaje se busca esta línea sencilla, sobria, y con una buena ejecución. Destacar al respecto el momento final, consiguiendo un clímax con muchísima fuerza, y residiendo el secreto de la misma en el buen montaje paralelo, y su enganche con la música que suena (en concreto, Sempre Libera de La Traviata de Verdi). Por cierto, destacable la banda sonora compuesta por el sr. Morricone, y la buena calidad del sonido que consigue Vittorio de Sisti, sobre todo teniendo en cuenta que son doblajes y por tanto eso implica sonido en postproducción, pero se integra a la perfección con la imagen. También destacable en cuanto al montaje el cómo evitar a producción gastarse nada en efectos, jugando solo con la mente del espectador y la lógica narrativa.
A nivel actoral, destacar a Lou Castel, por supuesto, como protagonista, y que consigue guiar al espectador por su forma de pensar durante todo el film, interpretando a Alessandro como un personaje profundo y complejo, ayudado por Paola Pitagora, quien crea también a un personaje al cual no acabamos de entender en su totalidad, pero se mueve y actúa de un modo bastante coherente, mostrando que tiene más en el interior, especialmente en la última secuencia.
Por su parte, Marino Masé bastante más flojo que los anteriores, aunque también a un buen nivel, y destacaría negativamente a Pier Luigi Troglio debido a su variación al respecto del personaje más difícil de interpretar, por sus problemas. Liliana Gerace solvente y poco más, y Jeannie McNeil un poco insoportable en el poco tiempo que está en pantalla, aunque más por guión que por actuación, donde no le podemos echar mucho en cara.
Para terminar resumiendo, una película sobria y bien hecha en sus formas, pero bizarra en contenido, con unos personajes muy bien desarrollados que sirven, con sentido, como hilo conductor para la historia y el desarrollo del protagonista.
Originalidad/Riesgo: 8.5
Técnica: 8.5
Guión: 7.5
Actuación: 8.0
TOTAL: 8.0
miércoles, marzo 10, 2010
Peur(s) Du Noir
Título:Peur(s) Du Noir
Director: Blutch / Charles Burns / Marie Caillou / Pierre Di Sciullo / Lorenzo Mattotti / Richard McGuire
Año: 2007
País: Francia
Duración: 85
6 historias que representan distintos miedos e historias de terror orientadas hacia el terror psicológico: Un hombre solitario cuya novia acaba afectada por su afición infantil por los insectos, una niña que es atacada por los fantasmas de un pueblo al que llega, un hombre que recuerda un suceso extraño en donde veraneaba de niño, un hombre solo en una casa que se encuentra con lo extraño de la imaginación, un hombre con perros excesivamente agresivos, y una mujer que se enfrenta a su miedo e inseguridad social.
Las recopilaciones de cortos dando forma a un largometraje son bastante comunes. Ya sea para sacar tajada de las primeras obras de directores consagrados, como serían el caso de The Short Films Of David Lynch, The Collected Shorts Of Jan Svankmajer, o Santiago Segura Jistory o casos que, ya de entrada, se diseñan como una serie de cortos dirigidos por varios directores y unidos, o no, por un hilo común. Este sería ya el caso de cosas como Four Rooms, Ro.Go.Pa.G. o Lumière Et Compagnie.
Este tipo de recopilaciones, serían más o menos el equivalente a las recopilaciones de relatos, al estilo de los de H.P. Lovecraft o Edgar Allan Poe, o lo que serían las recopilaciones en el mundo del cómic, como se han hecho de Mafalda, Iznogud, o de Silvio José. Creo que está claro a donde quiero ir a parar, que las recopilaciones están ahí desde hace tiempo en diversas artes narrativas, y pueden funcionar.
Eso sí, el problema al que se suelen enfrentar este tipo de recopilaciones es a la diferente calidad de cada una de sus secciones, ya que si alguna de ellas es especialmente floja, tiende a arrastrar al resto, bajando la calidad del conjunto al aburrir al espectador. Y francamente, es lo que ocurre en esta cinta.
Y es que comienza bastante bien con un corto de Charles Burns que supone una especie de visión desde el exterior de La Metamorfosis, mezclándose con las ideas de robo de cuerpos de La Invasión De Los Ladrones De Cuerpos, interesante y entretenido a pesar de jugar con un punto demasiado evidente. Esto está mezclado ya desde el principio con un corto mudo de Blutch que si no fuese por estar partido a lo largo de la cinta se haría tremendamente repetitivo y vacío, así como con una voz en off sobre imágenes casi aleatorias de Pierre Disciullo, la verdad es que con una crítica muy superflua y con apariencia gafapastoide al temor a las apariencias externas y al pensamiento dubitativo del ser humano.
Los otros tres trabajos que componen la cinta y se muestran con continuidad ya van bajando el listón, siguiendo un corto de Marie Caillou ambientado en Japón, y jugando con toda la mitología fantasmal del país nipón en un juego mezclado con ideas oníricas que, aunque flojea un poco en el ritmo, consigue un conjunto interesante, mal cortado por cierto por el propio corto de Blutch, rompiéndole el ritmo a la mitad. Donde ya empieza a bajar la calidad es en la parte hecha por Lorenzo Mattotti, con un trabajo en voz en off que aparenta más ser un relato sobre un ataque de un monstruo a un pueblo para el medio escrito, haciéndose tremendamente aburrido para un formato audiovisual como es el que tenemos entre manos. Y se termina con una obra muda de Richard McGuire que funciona relativamente bien, pero a la cual le pesa mucho el aspecto excesivamente experimental de la búsqueda de lo mudo.
En cuanto a la técnica utilizada, hay que resaltar los buenos dibujos de la parte hecha por Blutch, tremendamente oscuros y sucios, con un trabajo que crea bastante bien una sensación incómoda necesaria para lo que pretende, aunque en algún momento los gestos de los personajes sean excesivamente forzados. Destacar aquí, también, la canción que suena cuando los perros atacan a la bailarina (Polo, de Manuel de Falla, cantado por Conchita Supervia), que apoya todavía más esta oscuridad de la historia.
Por su parte, el fragmento de Charles Burns, buscando más la funcionalidad narrativa que la ambientación por medio del dibujo, y así, consigue resaltar la oscuridad de lo contado solo mediante un alto contraste de luces y sombras dentro del aspecto de imagen hecha en 3D y pasada a 2D que tiene. Un estilo similar lo sigue Richard McGuire en su corto, aunque haciendo un mayor hincapié en las zonas oscuras, y dando una mayor apariencia de animación en 2D, además de escapar del aspecto realista en los humanos, especialmente en el protagonista, dejando el escenario mucho más orientado a la creación de sombras y efectos que apoyen la narración.
En el de Marie Caillou, destacar el aspecto cercano al manga europeo que se consigue, contando de un modo sencillo pero efectivo toda la historia, aunque fallando un poco en la intención excesivamente onírica, que saca al espectador de la narración con tanta pretensión. Lorenzo Mattotti, por su parte, con un dibujo que pretende lograr una complejidad y profundidad mucho mayor que la que realmente consigue, cayendo también en este aspecto en una pretenciosidad bastante grande, aunque con momentos bastante buenos en el juego audiovisual como es el momento del ataque a la bestia, con golpes de sonido y las imágenes solo a medias. Y dejo para el final el de Pierre Disciullo, ya que la imagen solo se trata de formas que van variando sin ninguna razón aparente, en un juego que es la quintaesencia de tantas obras gafapastas (y si, me permito criticar lo gafapasta usando la palabra quintaesencia en mi crítica), y que solo se podría hablar del sonido, bien recogido.
Y las interpretaciones de los doblajes, con un Guillaume Depardieu que hace una narración en off bastante adecuada para la historia del insecto. El corto ambientado en Japón, el más complejo al respecto, con un trabajo muy bueno por parte, sobre todo, de Louisa Pili, ayudada por Melaura Honnay y Adriana Piasek-Wanski. En cuanto al otro corto con continuidad, el del monstruo, un trabajo demasiado aburrido como narrador por parte de Arthur H, aunque el texto no apoyaba en absoluto. Y en cuanto a la mujer que habla, pues Nicole Garcia lo hace bien, y al menos sí aparenta sufrir esas dudas hasta cierto punto, con la frialdad necesaria para lo que es ese pensamiento divagante que representa el guión.
Vamos, unas cuantas historias cortas con grandes tintes gafapastas en sus formas y sus intenciones, pero con unas buenas ideas en algunas de ellas, aunque en conjunto existan demasiados altibajos para poder considerarse interesante en la totalidad.
PUNTUACION
Insecto//Japón//Monstruo//Casa//Perros//Mujer//Total
Originalidad/Riesgo: 8.5//8.0//7.5//7.5//7.5//3.0//7.0
Técnica: 7.0//7.5//6.0//7.5//8.5//3.5//6.5
Guión: 7.5//7.0//4.5//6.5//6.5//3.5//6.0
Actuación: 7.0//7.5//6.0//---//---//7.5//7.0
TOTAL: 7.5//7.5//6.0//7.0//7.5//4.5//6.5
martes, marzo 02, 2010
Al Azar, Baltasar
Título:Au Hasard Balthazar
Director: Robert Bresson
Año: 1966
País: Francia / Suecia
Duración: 95
Baltasar es un burro bautizado por unos niños cuando todavía es una cría, que se verá obligado a vivir una vida errante trabajando y sufriendo con distintos dueños, entre los que verá la decadencia y la perversidad de los humanos, siendo solamente amado, durante algún período de tiempo, por Marie (Anne Wiazemsky), una de las niñas que estaban en su bautizo y que ha crecido en la misma región, alejada del niño que le declarara su amor, Jaques (Walter Green), quien no se ha olvidado todavía de las promesas que se hicieron.
Los equinos nunca han sido un animal con demasiado protagonismo dentro del mundo del cine, y mucho menos si nos centramos ya en los burros. Caballos podemos encontrar a algunos como es el caso de Mr. Ed, El Corcel Negro o Spirit si ya pasamos al mundo de la animación. Sin embargo, el papel para los pollinos, tan amables y bondadosos en el imaginario colectivo, se ha visto relegado a simples animales de carga o para hacer humor al compararlo con los caballos, como sería en las versiones de El Quijote, o incluso para ser asesinado en pantalla como es el caso de Las Hurdes, Tierra Sin Pan.
Es en la animación donde este simpático animal tiene un poco más de fortuna y logra algo de respeto, aunque funcionando siempre como bufón bobalicón, destacando de este modo Asno en la saga de Shreck, Igor en las historias de Winnie The Pooh, o el burro en las adaptaciones de Los Músicos de Bremen, como el caso Los Trotamúsicos (aquí era Tonto), siendo estas dos últimas adaptaciones infantiles de cuentos y la primera una versión perversa y humorística de los mismos. No obstante, como se ve, es difícil encontrar casos donde el burro sea tratado con dignidad y respeto (más allá del respeto que se enseña con la corrección política en estos casos, donde se le ve más con condescendencia que con respeto real).
Pero este es el caso, o al menos en gran medida, de la presente cinta. Digo esto de en gran medida porque, antes de nada, quisiera criticar los maltratos que sufrió al menos un burro en el rodaje, y que se evidencia en algún momento de la cinta, como el del fuego en la cola, cosa que detesto profundamente, como ya he mencionado en alguna ocasión.
Dejando esto aparte, y centrándonos en el análisis narrativo del guión, es importante evidenciar el tratamiento del burro como contraejemplo a la perversidad humana, observando éste silenciosamente, sin protestar, haciendo su trabajo, y asumiendo lo que le viene, presuponiendo desde la narración todo esto al alma cristiana que logra al ser bautizado cuando aún es una cría (y no me meteré todo lo que se podría hacer contra la religión cristiana aquí, que estoy en una crítica de cine, así que me callo).
El problema está en que la pura muestra de lo que ocurre alrededor de Baltasar no alcanza para crear demasiado conflicto por ningún lado, y todo se fragmenta. Si bien esta fragmentación es una intención clara del propio Bresson que guioniza, es algo que provoca que todo el conjunto se quede en una mera anécdota que se alarga para mostrar unas cuantas debilidades y vicios humanos, recogiéndose varios de los pecados capitales, como la avaricia, la soberbia o la lujuria.
Por ello, la película tiende a un ritmo casi nulo, dejando caer el interés del espectador constantemente, salvándose este aspecto únicamente por la vida errante del burro, que crea una compasión hacia él, y un interés en la duda de si podrá encontrar un lugar donde estar, al menos, tranquilo. Destacar también el uso de elipsis y huecos que permiten a los personajes variarse dentro de las situaciones que viven al margen del burro y dejar así sin explicar partes de la historia para emplearlas como trasfondo del que recoger en caso de necesidad (el caso del asesinato es un buen ejemplo)
A toda esta parsimonia se le ayuda desde el plano técnico, que si bien plantea una estética muy cuidada que busca la belleza de los planos combinándose con una gran austeridad y explica bastante bien todo lo contenido en ellos con una dirección de fotografía por parte de Ghislain Cloquet muy atenta a los detalles, olvida el plantear un mínimo de movimiento narrativo para apoyar un poco el interés del espectador y la creación de un drama que pueda permitirle ir más allá del pensamiento racional que le asaltará a la mitad de metraje al ver la crueldad humana reflejada. Destacan aún así algunos momentos entre esta muestra de lo cruel, como la secuencia donde Baltasar mira a otros animales, conmovedora y dura al mismo tiempo.
El montaje de Raymond Lamy, por su parte, se estructura de un modo simplista, procurando ayudar a este juego de la belleza visual, pero con algunos problemas de raccords de movimientos que provocan tosquedades perdonables teniendo en cuenta las posibilidades que habría de montar y encajar eso correctamente con el bruto que habría. El sonido, por su parte, esencial para este ritmo pausado y supuestamente profundo con grandes silencios que obligan a dar importancia a lo que ocurre en pantalla, y destacándose por estos momentos especialmente, además de por acompañarse excesivamente los momentos de bajón con música de Jean Wiener demasiado orientada al respecto, llegando a aburrir con toda la cantidad de la misma que hay.
Y los actores, dejando aparte al burro, que hay que reconocer que se mueve y actúa de un modo muy profesional (y no bromeo, hace las acciones donde y cuando debe a la perfección, cosa que sabe recoger la cámara y el montaje con mucho acierto), pues tremendamente frías, ausentes. Especialmente destaca Anne Wiazemsky, quien no llega a mostrarse nunca como nadie que tenga nada por dentro, pero sin embargo mostrándose forzada en esa intención de mostrarse fría. Entre el resto, podemos destacar a Nathalie Joyaut, y Walter Green los únicos que parecen tener sangre y no hacerse ridículos en ese aspecto frío que, aún así, consiguen.
Vamos, un film lento, con unas pretensiones metafóricas y estéticas altas, aunque curiosamente más bajas de lo que se pretende mostrar, por lo que realmente las logra alcanzar en gran medida con la consecuencia de hacerse repetitivo y aburrido.
Originalidad/Riesgo: 8.0
Técnica: 7.5
Guión: 5.5
Actuación: 4.5
TOTAL: 6.5