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sábado, octubre 12, 2013

We Are The Strange


Título: We Are the Strange


Director: M. dot Strange


Año: 2007


País: USA


Duración: 88











Blue es una muchacha condenada a vagar por un mundo extraño que parece rechazarla. Por otro lado, tenemos a Emmm, un niño con cabeza de muñeco y una M en su frente que solamente juega a videojuegos todo el día. Para terminar, está Rain, un héroe que se dedica a luchar contra extraños monstruos. Sus vidas correrán hacia un punto de encuentro para salvarse y salvar a ese mundo condenado por Sinisterrr.



La primera imagen que se pone ante nosotros. Siniestro.


Antes de nada, me gustaría plantear un respeto absoluto hacia los creadores como M. Dot Strange, autor del film y defensor de una postura abiertamente antiindustrial, jugando con internet como medio de difusión de sus trabajos y dándole la espalda, descaradamente, a toda la industria (miren, miren su página). Esa postura, si bien podría ser solo dentro de sus maneras de distribución, se complementan perfectamente con su manera de hacer cine. Porque aquí nos ponemos ante una película de animación, sí. Con cierta influencia retrogamer, también. Pero con una estructura y una ambientación tan tremendamente extrañas y oscuras que la hacen muy personal y desde luego muy difícil de mover por un mercado tradicional.

Comienza la peli y, durante los primeros 30 o 40 minutos realmente no llegamos a tener claro qué cojones es lo que se nos está contando en ella. Las distintas tramas, la separación entre ellas y lo tremendamente estrafalario y malrollero de los escenarios y las situaciones no ayudan en absoluto. Tampoco los personajes, cada uno con un diseño totalmente diferente, desde ese muñeco que es Emmmm hasta ese personaje casi sacado de un videojuego moderno que sería Blue. A ello, aun se suma la capacidad que el autor despliega, deliberadamente, de no utilizar prácticamente nada de diálogo, y de hecho, dejar esos diálogos como algo que tampoco llega a explicarnos ni situarnos. Habrá que esperar hasta la parte final para que todo lo que hemos visto parezca recobrar una lógica coherente en sí misma y llegar a una conclusión en forma de historia de aventuras que, incluso, acaba pecando de ser demasiado clásica.



Este es Emmm. Y esa es su consola portátil sin nada que ver con ninguna consola portátil comercial del mundo real.


Ya lo he citado, pero no quiero dejar de destacar el grandioso trabajo realizado en los escenarios. Una mezcla entre un mundo postapocalíptico digital muy oscuro, lleno de escombros y con un aspecto directamente sacado de lo que sería una ciudad electrónica a medio destruir. Realmente, su función en ningún momento es otra que la de ambientar y ni siquiera podremos orientarnos excesivamente dentro de lo que se nos muestra, pero es que esta capacidad de ambientar está explotada hasta un nivel absolutamente genial. Por otro lado, destacan también al respecto los cambios de estilo que se van sucediendo a lo largo del film, con mezclas incluso con siluetas relativamente realistas para ambientar algún flashback o con momentos directamente en un aspecto que podríamos denominar neo 8 bits.

A todo esto, ayuda el montaje, espectacular aunque muy lioso -también debido al guión-, sobre todo en la primera parte. El uso de la cámara y de los propios cortes, si bien juegan constantemente con una experimentación que solo desde la perspectiva de la animación sería posible, acaba resultando bastante perjudicial desde la perspectiva narrativa. O al menos, desde la perspectiva narrativa clásica desde la cual lo lógico sería entender mínimamente qué es lo que sucede y cuál es la correlación entre los personajes. Pero nada de eso parece ser de importancia vital para el director, así que debemos dar el brazo a torcer y simplemente dejarnos ir disfrutando del camino de extrañamiento que nos propone hasta esa parte final donde sí nos permite hacernos un esquema bien construido sobre lo que vemos en la pantalla.



Un primer plano de Blue. Esta es nuestra protagonista femenina.


En cuanto al sonido, genialmente orquestado, mezclando ese aire desolador con unos doblajes de los personajes que le van dando bastante personalidad siempre con esa perspectiva digital con errores. Además, con bastante buena caracterización por parte de los actores, aun sin ser tampoco una sobrada y resultando demasiado duros y serios, al estilo de los juegos actuales. Esto, mezclando con una banda sonora impresionante que acaba destacando incluso con compases en 8 bits gracias a la colaboración de grupos como Nullsleep. A todo esto, con mucha importancia en esa parte sonora, al jugar con todos esos tiempos sin diálogos, y consiguiendo apoyar perfectamente esa extrañeza ambiental que llevo destacando todo el análisis.



No sólo es raro y juega a la consola, sino que también sabe bailar!


Resumen:
Oscura y, como reza el título, extraña. Esas son sus virtudes y en algún momento también sus defectos. No obstante, aunque la primera mitad de la película resulta difícil de seguir, la remontada final le hace tener bastante sentido y durante el camino no dejamos de disfrutar de un nivel de experimentación desde la óptica digital asombroso y realmente muy respetable desde una perspectiva más autoral.



PUNTUACION

Originalidad/Riesgo: 9.5
Técnica: 8.0
Guión: 7.0
Actuación: 6.0

TOTAL: 7.5

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jueves, febrero 28, 2013

Django Unchained (Django Desencadenado)

Título: Django Unchained


Director: Quentin Tarantino


Año: 2012


País: USA


Duración: 165











El Dr. Schultz (Christoph Waltz) es un cazarrecompensas alemán que rescata y libera a un esclavo llamado Django (Jamie Foxx) para que le ayude a cargarse a tres hermanos y cobrar entre los dos la recompensa que ofrecen por ellos. Una vez que se ve libre, Django confiesa a Schultz que querría comprar a su mujer para así liberarla a ella también, así que al alemán se le ablanda el corazón y decide echarle una mano en sus planes, introduciéndose en el feo mundo de los esclavistas.



Christoph Waltz y su carreta con muela. Uno de los mejores vehículos de la historia del oeste.


Parece que el sr. Tarantino cada vez gusta más de las historias grandilocuentes y llenas de vueltas. Bueno, a excepción de Reservoir Dogs y Jackie Brown, lo cierto es que siempre ha tenido esta tendencia, máxime si consideramos Kill Bill como un todo, porque incluso con una exploit de como Death Proof, necesitaba crear dos mitades muy diferenciadas dentro del film y llegar a rondar las dos horas de duración en su versión más completa. Pues bien, esta tendencia, en Django Desencadenado, también está desencadenada. Probablemente porque al tratarse de una sola trama contada cronológicamente, esa grandilocuencia se ve perjudicada frente a esas películas anteriores del director nacido en Knoxville.

La historia comienza muy bien, como un western muy influenciado por el spaghetti pero con ese trasfondo del esclavismo como base narrativa, dejando claramente una muesca de pelis como The Legend Of Nigger Charley pero también Mandingo. No obstante, de pronto ese trabajo de aventura en el oeste se rompe para dar pie a un drama esclavista bastante puro, que sigue recogiendo ciertas cosillas de western que se arrastran desde esa presentación. Un drama que, para más inri, decide gustarse excesivamente y dar vueltas y giros lentamente, recreándose en la horrible situación de los esclavos de un modo que, a estas alturas del film, no llega a aportar demasiado y solamente retrasa el desenlace de una historia para la cual ya había suficiente material sembrado.



Eso es, sirviéndose cañas en 1858. Quién quiere verismo histórico?


Por el camino, unas cuantas escenas memorables, desde la discusión entre los miembros de un Ku Klux Klan primigenio –que de hecho recuerda también a los encapuchados de Django- que sí, es muy divertida pero poco aporta a la trama, hasta el cameo de Franco Nero dando pie a explicar cómo se escribe y se pronuncia Django van haciendo, al menos, entretenido el camino hasta el final. Además, la acción se va metiendo en pequeñas y calculadas dosis, en su mayoría incluso dando algunas vueltas de más con una extraña obsesión por buscar un mayor realismo frente a esas victorias absurdas que un héroe exploit podría tener siempre. Y a fin de cuentas, vale, no nos creeríamos que un tipo se cargue a 40, pero ya llevarse a 10 por delante una y otra vez es igual de increíble.

Quisiera reflexionar, también, que la violencia mostrada en la peli es bastante explícita en relación a la tónica habitual Tarantino, con un exceso de sangre en los disparos que se va hasta lo grandguiñolesco y una pretensión de diversión en ella sin preocupación por lo inverosímil (lo que choca con esas vueltas para que resulte creíble que los personajes sobrevivan). Vamos, la violencia se vuelve aquí espectáculo, y su presencia incluso tiende a provocarse de tal modo que solo podamos aplaudir como aplaudiríamos ante un film de acción al estilo de Los Mercenarios. Esto cobra aun más importancia si tenemos en cuenta que nace de ese avance lento de la historia, porque como espectadores esos momentos se aplauden enormemente al servir como relax.



Elegancia.


Todo ello, como es habitual en Tarantino desde Kill Bill, con fotografía de Robert Richardson. Una fotografía que se mueve muy bien en relación al ambiente que busca el film en cada momento, jugando con convenciones exploit como los zooms o con los tonos cálidos propios de los westerns (por cierto, destacar lo bien que se utiliza el barro del suelo del pueblo, algo que viene directamente de Django), pero también destacándose en ese ambiente casi irreal de las haciendas gigantescas de los campos de algodón, de donde destacaría un momento como el paseo en la zona de árboles. Además, un trabajo muy bueno con el movimiento de cámaras, forzando los efectos dramáticos de un modo genial.



Solo intentar molar menos le habría hecho crear un gran personaje.


El montaje, donde Fred Raskin recoge el testigo de la desaparecida Sally Menke después de que ésta hubiese montado todos los films de Tarantino, parece mantenerse bastante bien al nivel. Algunos errores de raccord sin mucha importancia e incluso algún salto de eje que tampoco supone un gran problema son sus principales errores dentro de la convención habitual de la técnica. Por lo demás, destacar su buen hacer en esas secuencias de acción, donde supone una de las bases para ese aire desenfadado y excesivo que plantean. Además, su combinación con una banda sonora espectacular -desde la canción de Django hasta un tema compuesto ex profeso por Ennio Morricone- y un trabajo de sonido bastante adecuado, ayuda mucho a la hora de crear esa carcasa más que interesante.

En el plano actoral, destacar a Christoph Waltz. Nuevamente, clava a su personaje desde un primer momento, con su aire siempre altivo e incluso confiado. No es casualidad que la mejor parte del film coincida con la parte en la que tiene un mayor protagonismo y control sobre la situación. Jamie Foxx, por su lado, pues también lo hace bastante bien aunque se fuerce en algún momento muy concreto. Pero nada, realmente se le perdona, pues su personaje es complejo y además juega con esos conceptos de actuación dentro del propio film, lo cual nunca es sencillo.



Esa fotografía de fondo, de lo mejor de esta parte del film.


Destacar, también, a Don Johnson, que se mueve perfectamente en su papel de terrateniente tan excesivo que se convierte fácilmente en un villano perfectamente sacado de cualquier peli de los 70 o incluso del mundo del cómic. Algo similar intenta Leo DiCaprio pero con mucho menos carisma a pesar de tener mucho más tiempo en pantalla. Su personaje, si bien resulta creíble, no consigue aportar ese tinte de crueldad que se corresponde a sus acciones, quedándose a las puertas incluso cuando pretende ser abiertamente malvado. Aun por encima, no le ayudan ni Samuel L. Jackson, que resulta tan absolutamente sobreactuado que no resulta creíble y hasta se pasa de la línea de poder hacer gracia con su personaje cliché de negro más racista aun que su amo -perdiendo así el poder subversivo que tenía este personaje- ni Dennis Christopher, que acaba por resultar bastante soso, aunque hay que decir que más por guión que por actuación.



Violencia, violencia, violencia, y por eso le amamos a usted!


Resumen:
Se hace larga y el guión parece dar vueltas simplemente alargándola sin demasiado sentido en su parte central y final, aunque se compensa con buenas escenas divertidas, dosis de violencia-espectáculo y una puesta en escena y trabajo de cámara bien diseñado y planteado, con influencias exploit y spaghetti pero con esa manera de coger influencias habitual de Tarantino.



PUNTUACION

Originalidad/Riesgo: 7.5
Técnica: 7.5
Guión: 6.5
Actuación: 7.5

TOTAL: 7.5

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jueves, febrero 21, 2013

Django

Título: Django


Director: Sergio Corbucci


Año: 1966


País: Italia / España


Duración: 91











Mientras un grupo de indeseables azota y tortura a una mujer por prostituirse con mexicanos, un misterioso personaje aparece cargando con un ataúd. Es Django (Franco Nero), y se carga a esos indeseables. Coge a la prostituta, Maria (Loredana Nusciak) y se la lleva a un burdel cercano, desde donde se enfrentará a toda la guardia del Mayor Jackson (Eduardo Fajardo) y después se aliará con una banda mexicana, rival de éste, para conseguir el oro que Jackson guarda en un fuerte cercano.



Es imposible mejorar la presentación de un personaje poniendo su nombre, y título de la peli, sobre un ataúd.


Por aquí ya he dejado patente la importancia de este spaghetti western al comentar films como Alambradas De Violencia (Pochi Dollari Per Django), Yo Soy Trinidad (Django Spara Per Primo) o Sukiyaki Western Django. Pelis que, directamente, recogían el nombre del genial personaje creado por Sergio Corbucci en 1966 y que se convertiría en uno de los iconos más utilizados del spaghetti western –incluso homenajeado por Miike en esa última peli que cito o por Tarantino en su Django Desencadenado- a pesar de no tener una secuela oficial hasta 1987, ya pasado todo el fenómeno y quedándose en una simple película directa a vídeo, en lugar de ensalzar aun más la figura del pistolero del ataúd.

La importancia se la ganó gracias a la gran capacidad de Corbucci para crear una historia directa, sin concesiones, donde la perspectiva del espectador es totalmente externa, aun sintiéndose constantemente atraído al héroe y necesitar apoyarlo pues es el único que no parece un grandísimo hijo de puta. Esto, a pesar de que en ningún momento sepamos casi nada de él; sólo unas nociones respecto a su atribulado pasado y ciertas pautas de comportamiento según avanza el film. Pero tampoco necesitamos más, pues es el misterio y la ocultación lo que hacen tan grande al personaje interpretado por Franco Nero.



Un hombre y su ataúd. Mucho más útil que una maleta, aunque solo sea por la significación psicológica.


De entrada, nuestro personaje se perfila como un vaquero sin caballo, que camina portando un ataúd cuyo contenido desconocemos, entrando en un pueblo de mala muerte donde la pulcra arena ha sido convertida en barro. Un barro que se convierte en una constante del film y que mancha la historia en conjunto, impregnándola de un halo de desesperación y suciedad. Esta entrada en la ciudad, por cierto, ocurre después de ver, en un prólogo, la increíble capacidad de nuestro protagonista con el revólver, cargándose a 5 hombres para acabar salvando a una prostituta de una muerte segura. A partir de esto, la presentación está hecha. No necesitamos ni queremos más.

Lo siguiente que se nos ofrece es una historia de traiciones, con la violencia como eje motor –si no, de qué iba a ser un spaghetti western-, donde veremos a Django luchar contra un cacique racista y luego unirse a unos bandidos mexicanos, todo con la ayuda que venía dentro de su sempiterno ataúd y con el individualismo como marca de comportamiento de todos los personajes. A ello, le juntamos la pequeña pero importante historia de amor que se establece entre la prostituta y él y un final apoteósico y legendario dentro de los spaghetti. Así tenemos una película redonda del género y una de las mayores aportaciones italianas fuera de Sergio Leone al western, si no la mayor.

La puesta en escena de Corbucci, como siempre, consigue un aire nihilista donde la vida no importa y la violencia es lo único que impera. En apariencia, la fotografía de Enzo Barboni no resulta especialmente innovadora dentro del género, recuperando esos zooms, esos tonos cálidos, esa cámara que escapa de su eje vertical y esos primeros planos que Leone y Massimo Dallamano (hubo más en la foto pero destaquemos al milanés) estaban poniendo de moda en el país. Sin embargo, apoyándose mucho en ese aire sucio que da el barro del que hablaba antes, el ataúd y sus connotaciones o las cruces del cementerio en la escena final, la muerte y la suciedad están siempre presentes, como una sombra que nos persigue. Y cuando la muerte nos acecha tan constantemente, la fuerza de la historia gana enteros, así como la desesperación de la misma. A ello, sumamos un montaje de Nino Baragli (“casualmente” también montador de El Bueno, El Feo Y El Malo) y Sergio Montanari que sabe aprovechar a la perfección esa fotografía y marcar el ritmo en los tiroteos y peleas, consiguiendo meternos dentro y ver la muerte aun más cerca. También una banda sonora de Luis Bacalov cuyo tema principal ya está en los anales del cine y conseguimos terminar de crear un film de acción y tiros, sí, pero con una carga moral que plantea el sentido de la vida de un modo genialmente deprimente, aunque no llegue a la altura de la siguiente peli de Corbucci, El Gran Silencio –obra maestra todavía a reivindicar a este respecto-.



Es de todo ese barro de lo que estamos hablando.


Franco Nero, en su trabajo, está casi perfecto. Frío y distante, su mirada de niño bueno en algún momento le traiciona y nos hace ver demasiada humanidad en su personaje. Una humanidad que en otras ocasiones sería positiva al acercarnos a él, pero que en esta ocasión nos aleja de la intención primigenia del film. Igualmente, en general no se le puede reprochar nada más, y cuando sus ojos se clavan en sus enemigos resultan tan acojonantes como su imposible velocidad con el revólver.

Por otro lado, el enemigo poderoso que resulta Eduardo Fajardo funciona a la perfección, y este sí que con la frialdad y maldad que se le presupone. También muy bien José Bódalo en su papel de líder de la banda mexicana, siguiendo los cánones estereotipados de su personaje pero, quizás precisamente por eso, resultando creíble y apoyando muy bien el desarrollo del film. Por último, destacar a la bella Loredana Nusciak, que con su mirada y su presencia consigue terminar de mostrar a Django como un personaje donde sólo vive la venganza, pues solo así podría escapar de la atracción que la romana provoca a la cámara. Por otro lado, destacar además lo que profundiza en su personaje a pesar de no tener demasiado tiempo en pantalla para ello, escapándose de un mero papel como florero.



Capuchas: abaratan costes, hacen cierta referencia al Ku Klux Klan y probablemente influyan directamente en cierta escena concreta de Django Desencadenado.


Resumen:
Un western violento donde la muerte es una presencia constante que nos sobrevuela, creando un ambiente sórdido y sucio y consiguiendo crear a uno de los personajes eternos dentro de la imaginería de los spaghetti.



PUNTUACION

Originalidad/Riesgo: 8.5
Técnica: 8.0
Guión: 8.5
Actuación: 7.5

TOTAL: 8.0

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jueves, febrero 14, 2013

Boss Nigger

Título: Boss Nigger


Director: Jack Arnold


Año: 1975


País: USA


Duración: 87











Boss Nigger (Fred Williamson) y Amos (D'Urville Martin) son dos cazarrecompensas negros que un buen día tras cargarse a unos forajidos y salvar a una muchacha en problemas llegan a una ciudad sin sheriff, recayendo de este modo todo el poder aparente en el alcalde y sus ayudantes. Así que, ni cortos ni perezosos, los dos hombres decidirán coger los puestos de sheriff y ayudante pese a quien le pese y devolver la ley a la ciudad, aprovechando la coyuntura para sacar un poco de dinero en base a multas y aunque para ello acaben teniendo que enfrentarse al racismo y al sistema corrupto que impera en ese pueblo.



Se puede ser más duro? Lo veo difícil.


Canta la canción que sirve como banda sonora a los créditos “Un hombre negro/en una ciudad de blancos/tiene problemas” (la traducción es mía). De este modo quedan claras las intenciones del film, así como los derroteros por los que va a tirar. Y escuchando el aire funky del tema, también su calidad de cine blaxploitation, por si aun teníamos dudas teniendo en cuenta el título, el argumento y el año de producción.

La historia nace, básicamente, de una especie de transposición de los personajes de la bilogía de Nigger Charley, y es que ahí están Fred Williamson y D'Urville Martin, repartiendo leña y siendo un tipo duro y frío el primero, mientras el segundo hace una especie de papel de bufón clásico en el mundo de la narrativa, aunque en esta ocasión resultando más duro y con mucha más autoestima que en los films citados. Dos personajes obvios, que no necesitan presentación y de los cuales apenas sabemos nada externo, solo que trabajan como cazarrecompensas y en algún momento, al menos Amos, han servido al hombre blanco, por mucho que ahora sean ciudadanos libres. Por eso digo que podrían servir como transposición de los otros y no pasaría nada, no nos importa de dónde vengan, sino dónde están y a dónde se dirigen.

Los dos personajes, bien interpretados desde sus características estereotípicas y manidas. Igual que el resto del papeles si los vemos en su media, donde de todas formas podríamos hablar de un sobreactuado William Smith que, al menos, aporta sus músculos y su pinta de macho hiperduro perfecto para hacerle competencia a Williamson, Barbara Leigh con el personaje más complejo y lleno de contradicciones del film -siendo una pena que no se le de más cancha, pues es, de lejos, la que mejor está en el film- o a R.G. Armstrong como ese alcalde corrupto y asustado, bien actuado pero plano.



Un blanco sirviendo a dos negros en el oeste. Nótese la simbología.


Así transcurre la historia, con buena dosis de acción a la que se le introducen ciertas gotas de romance, intriga por saber hasta donde está introducida la mierda dentro del sistema gubernamental del pueblo, y algunas pinceladas de humor para sobrellevar los momentos en los que la trama parece volverse repetitiva. Nada nuevo bajo el sol, ni falta que hace, pues la historia funciona bien, mete como relativa novedad el tema racial, los giros y el final funcionan bastante bien, con tiroteos incluídos y consigue aparentar un aire de influencia spaghetti por mucho que la producción sea totalmente yankee y sean estos los cánones que sobresalen.

En la dirección de un Jack Arnold venido a menos tras muchos años de televisión aun a pesar de tener en su historial obras cumbre de la ciencia ficción del calibre de El Increíble Hombre Menguante o La Mujer Y El Monstruo apenas 20 años antes y en la fotografía de Robert Caramico, es donde podemos ver más esta influencia de cierto aire spaghetti pero resultando mucho más sobria de lo que sería habitual en el subgénero italiano, dejándose llevar por la historia y aprovechando muy bien el decorado, aunque terminando por ser bastante plana en muchas ocasiones. No ayuda a ello el montaje de Eva y Gene Ruggiero, obvio y esquemático. Al menos, en ambos aspectos hay que reconocer cierto oficio y que cumplen bastante bien con lo que pretende ser el film. Lo mismo que el sonido, aunque a éste se le podría echar en cara cierta carga excesiva en los graves, al menos en la versión que pude ver yo.



Un plano que no debería faltar en ninguna película del oeste.


Resumen:
Una película que sigue su sendero en base a tópicos y giros obvios y trillados, con unas actuaciones también en un nivel decente sin destacar y con un trabajo técnico que sigue en esa misma linea mediocre pero aceptable, dejando un sabor de boca de algo que podría haber sido mucho más, pero que se queda en una peli del montón.


PUNTUACION

Originalidad/Riesgo: 6.0
Técnica: 6.5
Guión: 6.0
Actuación: 6.5

TOTAL: 6.5

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jueves, febrero 07, 2013

La Leyenda Y El Alma De Nigger Charley

Título: The Legend Of Nigger Charley


Director: Martin Goldman


Año: 1972


País: USA


Duración: 98










Título: The Soul Of Nigger Charley


Director: Larry G. Spangler


Año: 1973


País: USA


Duración: 109











En La Leyenda de Nigger Charley, Nigger Charley (Fred Williamson) es un esclavo que, gracias a la mediación de su madre, consigue que su amo lo libere. Pero la vida no es fácil para un negro en el oeste, porque aun siendo libre la mayoría de los habitantes no lo admitirán como un ciudadano más. Por eso, junto a Toby (D'Urville Martin) y Joshua (Don Pedro Colley) acabará huyendo de su tierra para acabar luchando contra todo un pueblo típico del oeste americano, primero por sus vidas y luego defendiendo la granja de un pobre hombre y su hija.

En The Soul Of Nigger Charley, Charley (de nuevo Fred Williamson), luchará junto a Toby (de nuevo D'Urville Martin) contra el esclavismo uniendo a todos los negros que puede en su lucha por la libertad. Una lucha que incluye un atraco a un tren y el unirse a un grupo de pistoleros mexicanos en pos de sobrevivir en un ambiente hostil para ambos pueblos. De este modo, también conocerá a Elena (Denise Nicholas), parte de una especie de comuna negra, una mujer con carácter que hará aflorar los sentimientos que incluso Charley tiene.



La Leyenda De Nigger Charley: Williamson enseñando a disparar a D'Urville. O lo que es lo mismo, un herrero enseñando a disparar a un mayordomo. Por qué no?


La Blaxploitation es uno de los géneros exploit que mejor se supieron adaptar a todo tipo de historias. Desde las obvias películas sobre el hampa, la droga y los vigilantes (entendida la palabra en el sentido yankee) que no dejaban de derivarse directamente del propio mundo en el que se veía obligada a vivir la mayoría de la población negra del país hasta las historias de zombies como Sugar Hill o incluso las de artes marciales protagonizadas por Jim Kelly. Si a esa capacidad le sumamos un actor como Fred Williamson, capaz de adaptarse a la perfección a las líneas de explotación italianas como demostraría, sobre todo, en la magnífica Aquel Maldito Tren Blindado, pues blanco y en botella que algún día saldrían westerns protagonizados por negros. Aunque fuese con producción norteamericana. Unos westerns que, además, recogían el tema de la esclavitud para lograr aún más fuerza y comentario social en un momento en el que los panteras negras y los defensores de los derechos civiles estaban día sí y día también en las noticias.

Ahí es donde surge La Leyenda De Nigger Charley (por un lado, me alegro de que no se tradujera el nombre del protagonista a Negrata Charley o algo así, por muy cutre que suene el título español). Un film que arranca desde la dureza del encontronazo con la libertad en medio de una sociedad que no admite eso para un negro y se va mezclando rápidamente con influencias de spaghetti western, lleno de violencia y con la búsqueda de libertad convirtiéndose en leitmotiv de la acción. Un film que resulta prototipo de exploitation, con acción constante desde un comienzo y un desarrollo que no deja pie a demasiado descanso, trabajando desde una estructura de presentación-nudo-desenlace clásica y muy marcada. Solamente destacar negativamente el momento en el que los 3 hombres escapan de Virginia para encontrar su vida, donde el ritmo se ve tremendamente afectado.

Tras un final épico que nos deja a Charley siendo consciente de los beneficios y riesgos de la libertad en un país salvaje como era la América de mediados del XIX, en la segunda parte, El Alma de Nigger Charley, se nos presenta una situación muchísimo más americana, incluso con cierta influencia de Peckinpah y del western más clásico, con Charley descubriendo un escenario desolado donde los únicos supervivientes son un niño y un hombre al que dejaron atado al suelo para que las alimañas se lo llevaran. Los dos, por supuesto, negros. A partir de ahí, Charley y su siempre fiel Toby acabarán intentando provocar una especie de mini-revolución con los habitantes de algo similar a una comuna negra robando 100.000$ de un tren. Vamos, la idea de western que existe incluso desde antes de que fuese un género, con el Asalto Y Robo Al Tren. Una historia en la que se verán involucrados también latinos y que resulta muchísimo más lenta que la anterior, disponiendo gran parte del metraje en caminatas y charlas y no en acción, sumándose a ello una estructura mucho más clásica al meter trama amorosa y de cuidado y educación del crío, además de meter el discurso de liberación negra mucho más obvio y aburrido, provocando con todo ello el guiar toda la estructura con una monotonía que asusta por su ausencia casi total de giros. Sobre todo, si lo comparamos a los que tenía la primera parte.



La Leyenda De Nigger Charley: Fumando la pipa de la paz. Ningún tópico del cine de negros de los 70.


A todo esto, se suma un trabajo desde el punto de vista de la dirección que en La Leyenda se postula, como es coherente con el guión, con una visión más cercana al spaghetti. Destacan algunos planos donde la luz crepuscular se deja ver, jugando, sobre todo, con planos cercanos y un montaje muy dinámico durante los tiroteos. Eso sí, el clasicismo no está totalmente ausente, dejando una pátina de film americano bien definido. El Alma es más clásica, también en coherencia con ese guión, resolviéndose las situaciones con una planificación más estereotipada, obvia e incluso, valga la redundancia, plana. Para rematarlo, en los pocos tiroteos que se nos ofrecen, la falta de presupuesto se hace presente y no se consigue un aire de acción demasiado bueno ni potente.

Fred Williamson, por su parte, mantiene bastante bien el nivel de tío duro en ambos films, por mucho que sus debilidades sentimentales aparezcan en la segunda y en la primera no, incluso a pesar de que deja atrás a su chica y a su madre en la primera mitad del film, pero sin volver a acordarse de ellas. El otro actor común a ambas, D'Urville Martin, no deja de ser un simple escudero, un Sancho Panza que ayuda a Charley pero cuya personalidad no podría existir sin él. En este sentido, el actor sabe mantenerse en su sitio y apoya bastante bien el avance del film.



El Alma De Nigger Charley: Liberando a un preso de un castigo absurdo.


Entre el resto de actores, destacarían Don Pedro Colley en la primera y Pedro Armendáriz Jr. en la segunda, siendo ambos el tercer personaje con fuerza de cara a la violencia, aunque Don Pedro esté cerca de poder quitarle protagonismo a Williamson, consiguiendo una potencia en su personaje impresionante mientras que Armendáriz se mantenga siempre en un segundo plano. De hecho, destaca ya que éste segundo aparezca mediado el film, después del robo. Destacaría, también, Denise Nicholas en esta segunda, sumando ese punto amoroso que parecía innecesario dado cómo se estructuraba el personaje protagonista en la primera parte y que de hecho, poco aporta al film, salvo un final con cierta potencia.



El Alma De Nigger Charley: Negros cabalgando en el oeste. La imagen define estas dos películas.


Resumen:
Si bien La Leyenda De Nigger Charley es una película exploitation bastante pura, con mucha acción y ese aire molón que siempre tienen los protagonistas de la blaxploitation, en The Soul Of Nigger Charley se opta por un film mucho más obvio, menos violento y más clásico, pero también más anodino y mediocre.


PUNTUACION (Leyenda/Alma)

Originalidad/Riesgo: 8.0/6.5
Técnica: 7.0/6.0
Guión: 7.5/5.5
Actuación: 7.0/6.5

TOTAL: 7.5/6.0

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jueves, enero 31, 2013

Mandingo

Título: Mandingo


Director: Richard Fleischer


Año: 1975


País: USA


Duración: 127











En la plantación de Warren Maxwell (James Mason), en mitad de la Louisiana de 1840, los negros son tratados como ganado. Como ganado al que se trata mal, de hecho. Se crían para la venta, se usan en espectáculos de combate, se castigan cruelmente… El caso es que Maxwell está obsesionado con que su hijo le de, al fin, un nieto. Así que arregla el compromiso de su hijo Hammond (Perry King) con Blanche (Susan George). Pero todo se complicará porque Hammond se enamora de la negra Ellen (Brenda Sykes), y aunque su trato hacia los negros parezca más agradable que el de su padre al mandingo que compra, Mede (Ken Norton), pronto se descubrirá que lo aprendido respecto a las diferencias raciales es muy profundo.



Niños: útiles para refrescar la estancia antes de que se inventasen los ventiladores.



Comienza la peli, y comienza con una canción de Muddy Waters que ya nos mete en situación con su blues y su voz profunda. Una historia basada en la obra de teatro de Jack Kirkland, a su vez basada en la novela homónima de Kyle Onstott, sobre la esclavitud de los negros y el trato que recibían en el sur justo antes de la guerra de secesión. Todo ello, mostrado de un modo muy crudo en el guión, que se centra en la complejidad e hipocresía con que los blancos trataban a los negros, pero también la hipocresía moral que existía hacia la mujer. De este modo, apreciamos cómo para la clase alta -y blanca, obviamente- la raza negra no es, siquiera, parte del género humano, sino que son animales entre los que ni siquiera importa que haya incesto, igual que no importa entre dos animales cuando lo único que se busca es criar más para venderlos al mejor precio. Una historia muy verosímil, precisamente por su crudeza y por el buen tratamiento que se hace de esas relaciones humanas entre amos y siervos, padres e hijos o maridos y mujeres.

Con esta pretensión de realidad más allá de clichés y generalizaciones baratas, destaca el gran trabajo respecto a la profundidad de los personajes. Podemos coger, como ejemplo, al protagonista, Hammond, al cual vemos como una especie de señor magnánimo hacia sus esclavos, a los que procura evitar caer en la indignidad y casi considera a su misma altura dentro de la especie animal, a pesar de que su posición social prima sobre sus posibles ideas latentes y no consigue llegar a aceptar a los negros como algo más que propiedades. También podríamos ver a Mede, que con su raza da título a la peli, como un negro que si bien acepta su rol, jamás lo hace gustosamente sino con la convicción de que al menos, el amo a quien sirve le defenderá cuando lo necesite. Motivo por el cual se queda a dos aguas, aceptando y viendo con buenos ojos esa liberación de los esclavos negros pero sin llegar a sublevarse, sino obedeciendo a sus amos por duro que sea el trabajo. Incluso si incluye llegar a convertirse en un perro soltado a una pelea.



Las viudas alemanas, con sus intereses propios a la hora de comprar negros.



Tras las cámaras, un director totalmente polivalente como lo es Richard Fleischer. Un tipo que tanto hacía un western como una peli bélica, una de bárbaros o una de terror. Pocos pueden decir que han sido tan eclécticos a la hora de llevar adelante proyectos, máxime cuando pensamos que unos cuantos son clásicos hoy en día, a pesar de moverse siempre por terrenos de presupuestos no excesivamente altos. Aquí, el Fleischer que nos encontramos crea una narración lenta y comedida, con mucho uso de la grúa para movernos por la historia, y permitiendo que la naturalidad de la fotografía de Richard H. Kline nos guíe, aunque eso sí, sin miedo a, especialmente en la parte final de la película, comenzar a desasosegar al espectador con luces y sombras muy marcadas, e incluso planos tirados desde el suelo y con cierta aberración que nos guían hacia una conclusión llena de una violencia que tiende a quedarse fuera de cámara, pero siendo presente igualmente.



Lucha de negros. Una prueba de la explícita dureza de la peli.



Uno de los principales problemas narrativamente viene dado por el lado del montaje, realizado por Frank Bracht, donde se echa en falta cierto trabajo a mayores para explicarnos las elipsis temporales, enormes en un tiempo donde la vida transcurre calmadamente, sin apenas sobresaltos que cambien el rumbo de los acontecimientos. De este modo, momentos como aquél en el que Blanche dice estar embarazada y el parto se yuxtaponen en nuestra percepción de la historia, habiendo pasado solo unos cuantos segundos para atravesar esos 9 meses, prácticamente el mismo tiempo aproximado que había pasado desde el comienzo de la película hasta esa secuencia. De todos modos, este saltar el tiempo no resulta excesivamente incómodo y ayuda enormemente en el ritmo narrativo, que resulta bastante complejo dada la cantidad de acontecimientos y acciones que aborda el guión completo.

Respecto a la parte del sonido, ya hemos citado esa banda sonora con música de Muddy Waters, perfecta a la hora de ambientarnos. Por lo demás, un buen trabajo, tendente a la búsqueda de realismo, destacando los ambientes y los momentos donde la gente no deja de gritar, pudiendo citar la pelea en la que la voz de Warren se destaca por encima de los golpes y la multitud, dando fuerzas a su negro entrenado para combatir.



Otra utilidad de los niños esclavos: reposapies.



A nivel actoral también se deja el listón en un buen lugar, consiguiendo, sobre todo James Mason, representar esa complejidad y contradicciones de su personaje. También Perry King llega a convencer, con su aspecto de empresario convencido de sus ideales de desprecio hacia lo que él considera su ganado y viéndose a sí mismo como hombre cabal, sabio y magnánimo en todas sus decisiones. Al igual que el ya citado Ken Norton, quien, pese a ser un exboxeador reconvertido a actor, al menos convence, aunque no llegue a dar esa sensación de profundidad tan bien como sí lo hace el guión y sus frases.

En la parte femenina, Susan George se lleva la palma, con una magnífica actuación rayando casi siempre en los límites de la locura de su personaje, desesperada y habitualmente bebida, consiguiendo estar a la altura y dejando clara desde un principio la dualidad y la falsedad de su personaje. Brenda Sykes, con el problema de no tener demasiada frase para desarrollar su personaje, pero espléndida en su escena más importante, esto es, la primera en la que aparece muerta de miedo por el trato que le puede dar ese blanco que la va a desvirgar. Podríamos hablar, para terminar, de Lillian Hayman y Richard Ward, quedándose ambos en papeles mucho más cercanos a los clichés de negra mayor que siempre ha servido y es feliz así y de mayordomo que pone buena cara pero que en realidad solo espera al momento en que lo liberen, sin atreverse por sí mismo a hacerlo. Eso sí, son clichés, pero también hay que saber interpretarlos, y ambos lo hacen.



Contrapicado aberrado, luces y sombras muy marcadas... Se puede transmitir más sobre la situación familiar presentada con una sola imagen?.



Resumen:
Una película violenta y dura sobre la esclavitud, sucia y centrada en la búsqueda de una perspectiva realista de la vida en una granja sureña antes de la guerra de secesión, bien ejecutada por gente con mucho oficio detrás.


PUNTUACION

Originalidad/Riesgo: 8.0
Técnica: 7.5
Guión: 8.5
Actuación: 7.5

TOTAL: 8.0

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viernes, noviembre 09, 2012

The Last Wave (La Última Ola)

Título: The Last Wave


Director: Peter Weir


Año: 1977


País: Australia


Duración: 106











Una serie de extraños fenómenos meteorológicos está asolando Australia (y podemos pensar que el resto del mundo). Principalmente lluvias torrenciales e incluso granizadas totalmente fuera de temporada y lugar. Al mismo tiempo, David (Richard Chamberlain), un abogado de Sydney, se ve envuelto en un caso de asesinato supuestamente cometido por unos negros, probablemente aborígenes. Entrar en contacto con ellos le permitirá descubrir su propia naturaleza dentro de la estructura del mundo y la mitología de los aborígenes, y la relación con esos extraños cambios que el planeta está sufriendo.



El primer plano del film, una declaración de intenciones con la naturaleza cerniéndose sobre el hombre.


Dentro de la Ozploitation hay una tendencia extraña y muy destacable: la naturaleza como elemento peligroso para el ser humano. No hay más que pensar en Largo Fin de Semana como paradigma, pero ahí estaría también Razorback, por poner otro ejemplo. Y la presente cinta, por supuesto. Aunque aquí, mezclando ese principio con la magia premonitoria tribal y ese cierto respeto hacia la sabiduría chamánica de las civilizaciones que vienen de antaño. Un poco como se intenta hacer creer ahora con los mayas y su Apocalipsis predicho hace cientos de años con precisión quirúrgica.

Con este planteamiento, la historia se presenta en un modo muy serio y sobrio, sentando las bases ya desde un comienzo y sin dejar aire a un mínimo de tinte cómico. Y ese es uno de los principales problemas que se le pueden achacar, pues la tremenda pretenciosidad con la que parece presentarse esta sobriedad, hace que en su parte central la cinta se vuelva pesada e incluso un poco repetitiva por lo obvio de cómo se va a desarrollar el final, que no da llegado jamás. Eso sí, se agradecen los temas que trata, como el desprecio actual a esas tribus que viven de manera diferente a nuestras costumbres occidentales, en una visión de superioridad absurda, además de esa idea conjunta que rodea a la historia de la naturaleza como una fuerza imparable contra la que ni siquiera el progreso puede hacer nada.





Aerolitos de hielo, o que en Australia, cuando graniza son unos exagerados.


A ello también ayuda, eso sí, la puesta en escena de Peter Weir, siguiendo ese mismo punto de sobriedad absoluta que plantea el propio guión y que se mezcla, especialmente en las secuencias oníricas, con una pausa y una calma que hace que el tiempo apenas sea capaz de avanzar. Ojo, y con ello no quiero decir que se haga aburrida, sino que es como si faltase un poco de aire, con alguna subtrama o algún momento un poco más distendido para acabar de dar ritmo y ansia de historia.

También influye al respecto la frialdad con la que Richard Chamberlain interpreta al protagonista, alejándolo del espectador y sin ser capaz de transmitir todo lo que le pasa por la cabeza al personaje a pesar de que está bien actuado y resulta creíble, pero se escapan demasiadas cosas entre el propio guión, la representación del personaje y su forma de meterlo en la historia, que hacen que se eche de menos algo más de chicha, en lugar de ese alargamiento constante de escenas.

Por otra parte, también se echa de menos que el guión consiga un poco más de coherencia en sí mismo, y un poco más de unidad entre las escenas, donde se salta de un lado a otro y los personajes evolucionan a golpes, provocando además que el montaje de Max Lemon pegue cortes brutales entre una situación y la siguiente, dejando al espectador al borde de perderse en cuanto a lo que está sucediendo. Suerte que precisamente esa estructura monotrama no nos permite que se nos vaya la olla. Por cierto, espectacular al respecto la mezcla en montaje entre los tiempos oníricos y la realidad, consiguiendo bastante bien crear un mismo espacio para ambos, tal y como se va describiendo en la historia, y que hacen que los sueños cobren muchísima importancia.






Tiene la suerte de no estar parado en un semáforo.


Russell Boyd se encarga de la fotografía, destacándose precisamente ese punto extraño en los momentos oníricos, que se mezcla con la más absoluta sobriedad, y recorriendo una gama de espacios absolutamente de locura, consiguiendo zafarlos bastante bien en cuanto a una perspectiva realista y coherente. Respecto al sonido, interesante ese uso constante del silencio y de los graves, jugando con la presencia habitual del didgeridoo, colaborando totalmente en ese ambiente extrañado e irreal que tiene gran parte del film al tiempo que nos referencia al mundo de los aborígenes.

Y ya hemos hablado del papel que hace Richard Chamberlain, pero también deberíamos destacar en el reparto a una Olivia Hamnett que en un comienzo arranca muy bien y creíble, aunque precisamente la evolución del personaje vaya haciendo que ella se fuerce en exceso y no aparente en absoluto esa naturalidad del principio. Mucho más interesantes en cuanto a coherencia David Gulpilil y Nandjiwarra Amagula, que si bien, especialmente el primero, están un poco forzados, consiguen mantener el personaje en una línea lógica todo el film, destacándose Amagula.




Un abogado blanco intentando aprender cosas de un chamán aborigen. Ver para creer, oigan.




Resumen:
Una película con un mensaje ecologista mezclado con ese respeto divinizador hacia la sabiduría antigua, excesivamente sobria para el tipo de historia que plantea, y con un guión que podría haberse trabajado un poco más.



PUNTUACION

Originalidad/Riesgo: 8.0
Técnica: 6.5
Guión: 5.5
Actuación: 6.5

TOTAL: 6.5

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lunes, octubre 08, 2012

A Londoni Férfi (El Hombre De Londres)

Título: A Londoni Férfi


Director: Béla Tarr / Ágnes Hranitzky


Año: 2007


País: Francia / Alemania / Hungría


Duración: 139











Desde su puesto de trabajo vigilando las entradas y salidas de trenes en el puerto para mover las vías, Maloin (Miroslav Krobot) ve como desde un barco es lanzada una maleta para que otro hombre la recoja. Pero por lo visto no todo sale como debería, pues no tarda en volver a ver a ese misterioso hombre pelearse por la maleta, muriendo este último al caer al agua junto a la misma. Maloin, ni corto ni perezoso, se acercará al agua para rescatar la maleta, en la que encontrará un montón de libras esterlinas. Pronto llegará al pueblo el inspector Morrison (István Lénárt), buscando a Brown (János Derzsi), el hombre que había recogido la maleta, y acusándolo de un robo.



Bares, esos lugares comunes para Tarr y para toda la humanidad.


Obviamente, si algo se destaca de la adaptación de Béla Tarr de la novela El Hombre De Londres de Georges Simenon es la propia marca del director húngaro en la factura final del film. Especialmente si tenemos en cuenta que ésta es una de las que también firma como co-directora su montadora habitual Ágnes Hranitzky. Es decir, lo que aquí nos encontramos, dejando de lado el tema argumental que trataremos más tarde, es el prototipo de film rodado en estas colaboraciones: Planos que llegan a durar más de 10 minutos, un blanco y negro muy suave y para nada agresivo, mucho movimiento de cámara con grúa y un trabajo de sonido espectacular.

Esto, por supuesto, con la colaboración en la fotografía de Fred Kelemen, que consigue entender muy bien las necesidades visuales del film, y le otorga un aura increíble, tanto en momentos nocturnos como diurnos, aunque en algún momento lo lleve tan al extremo del juego con la luz y la sombra que acabe escapando del aura de realidad que tiene normalmente el cine de Tarr para incluso mostrarse como imágenes rodadas en estudios ex profeso. Pero bueno, por fortuna estos momentos se quedan en el muelle y poco más, y entre el montaje y la continuidad de las escenas acaban por quedar dentro de un todo concreto y definido.




Erika Bók, que siguió creciendo desde Satántángó.


Por otra banda, como decía, a ese trabajo de la imagen se suma, como es habitual, un trabajo de sonido magnífico donde cada elemento sonoro, partiendo de las gotas que caen a los pasos sobre la madera, cobra una importancia primordial para la ambientación realista del film. Eso sí, con unos doblajes a inglés y francés que rechinan un poco y no llegan a convencerme y con esa pretensión de linealidad sonora de la música de Mihály Víg y la repetición constante de motivos que, aquí, llegan a perturbar más de lo que aportan, eliminando la tensión visual de algún momento, solo en pos de una mayor continuidad.

Con todo esto, la historia que se nos presenta no deja de poder entenderse como una especie de destrucción o visión extrañada de una historia de cine negro, con su trama de investigaciones, de engaños y de robo, pero centrada en una visión concreta del protagonista, que al tiempo acaba proporcionando una visión colectiva de su mundo en esos escasos 2 días en que está ambientada la peli.

Por supuesto, con el criterio narrativo de Tarr, también debemos contar con una cierta simplicidad si miramos la historia en conjunto, como una falta de información por muchas partes en cuanto al guión, pero porque es la propia lógica narrativa de Tarr la que nos lo va dando progresivamente. Y al final, con esa simplicidad consigue crear un film complejo y denso, que mantiene la tensión narrativa constantemente y que llega a cerrar todo lo que quedaba abierto sin necesidad de explicarlo concienzudamente. Únicamente, quedaría alguna duda sobre lo que pasa a continuación con la mujer y la hija de Maloin.



Algo por lo que te jugarías un suspenso en un máster de fotografía. Pero Tarr está por encima de eso.


Las actuaciones, también serían de lo más criticable dentro del film, apoyando en exceso ese ritmo hiperpausado que tiene y resultando en algún momento difíciles de soportar precisamente por la parsimonia de las acciones, pero sobre todo de los diálogos. No obstante, respecto a esto, comentar también el plano en el que dos vendedores hablan sin parar y a toda velocidad, rompiendo ya no solo esa misma estética rítmica de toda la peli, sino incluso resultando rompedor en el cine de Tarr. Y también nuevamente esos doblajes, que hacen que los personajes y sus voces se distancien en exceso.

Destacar, si eso, a Miroslav Krobot que coge el papel protagonista y lo clava bajo estos preceptos que estamos comentando, tanto en los momentos de acción pausada como en la discusión con su mujer, dominando muy bien el lenguaje corporal y siendo capaz de mantenerse a buen nivel en esa mezcla de frialdad y capacidad de observación que tiene su personaje, consiguiendo con ello que el espectador se involucre.

También Ági Szirtes está impresionante en el poco trozo de peli en el que sale, consiguiendo aguantar un primer plano larguísimo, con lágrimas y todo, mientras escucha la verdad sobre su marido. Chapeau sólo por la actuación en ese plano. Una pena, por cierto, el doblaje de István Lénárt, el personaje con más texto, mezcla además de los 2 idiomas del film, inglés y francés y que queda forzado ya no solo cuando está en plano, sino incluso en off, como en ese momento que comentábamos de Szirtes. De todos modos, en cuanto al personaje, está bastante bien interpretado, aunque le falte transmitir un poco más de frialdad para acabar de darle carisma como investigador.




Ági Szirtes en ese pedazo de momento que citaba en el párrafo anterior.



Resumen:
Una película tendente al cine negro pero con la firma estilísica propia del cine de Béla Tarr, creándola a partir de planos muy largos en duración y un gran cuidado técnico para conseguir una ambientación magnífica que se ve obstruida solo por momentos y elementos puntuales.



PUNTUACION

Originalidad/Riesgo: 8.0
Técnica: 8.0
Guión: 7.0
Actuación: 7.5

TOTAL: 7.5

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miércoles, septiembre 26, 2012

Zardoz

Título: Zardoz


Director: John Boorman


Año: 1974


País: Reino Unido


Duración: 105









Zardoz es una cabeza gigante de piedra que viaja por el mundo haciéndose ver como un dios y seleccionando a gente como Zed (Sean Connery) para darles la misión de aniquilar a los bárbaros que pueblan todo el planeta. Pero Zed tiene otras inclinaciones, y se cuela en la cabeza para ver adónde le lleva. Y el lugar es un poblado donde viven unos hombres inmortales, que dicen tener todo el conocimiento del mundo, al precio de que algunos de ellos empiezan a estar cansados del aburrimiento que ese conocimiento absoluto y esa falta de motivaciones para vivir les provoca.


"Las armas son buenas. El pene es maligno". "Zardoz ha hablado".

En los 70, quizás por aquello de la crisis del petróleo, quizás por la bajona que provocó el descubrir con Vietnam que el mundo es más jodido que en las ficciones familiares, o simplemente por motivos de una moda estética, el rollo postapocalíptico se puso de moda. Los había nucleares, como el de A Boy And His Dog, económico-energéticos como el de la saga de Mad Max, o de otro tipo diferente al estilo de El Planeta De Los Simios, que sería de las que abrían la lata. El tema es que aquí, lejos de simplemente mostrar ese ambiente de decadencia en el que ha caído la humanidad, la historia se va por otros cerros totalmente diferentes, mucho más reflexivos y de planteamientos existencialistas.

Comienza de un modo que, incluso estéticamente resulta relativamente ridículo, con esos disfraces de los salvajes, consistentes en botas altas, unos gayumbos y unos cinturones de balas cruzando el pecho. Y unas máscaras a imagen de la de la cabeza volante de Zardoz en algunos casos. Además, un discurso inicial de la cabeza al presentársenos bastante maniqueo y que parece escrito por y para niños, dejando claro el mensaje que pretende dar.



Dejando claro que es una peli rarita ya desde un comienzo.

Pero a partir de ahí, el guión escrito por John Boorman asciende muchísimos enteros con la llegada al pseudo paraíso en el que los humanos inmortales creen haber llegado a lo más cercano a la perfección divina. Y con ello, toda la reflexión sobre ese saber absoluto y sobre el efecto de la mortalidad sobre la psique humana, recayendo en que precisamente esta mortalidad es la que nos permite vivir a medio camino entre el instinto y la razón. Y que es lo inherente al ser humano para que su existencia tenga un sentido pleno.

Vale, hay momentos que, al igual que pasaba en esa primera escena con la llegada de la cabeza, también se quedan en niveles bastante bajos para la pretensión científico-filosófica que tienen, como por ejemplo cuando hablan del deseo y la erección. Pero en general hay que reconocer que, con su base a camino entre la ciencia y la fantasía, sabe ambientar ese mundo con buenas ideas y, sobre todo, hacer una aventura que funciona muy bien y da un buen punto de vista que se posiciona filosóficamente. Y eso ya es algo que hace que merezca la pena, al igual que la conexión con El Mago De Oz y con esa crítica religiosa que conlleva el presentar una deidad falsa.


La estética de Sean Connery, lo más recordado de la peli. Tristemente.

Además, la dirección -también de Boorman- no duda en meterse experimentos extraños y básicamente psicodélicos que introducen ese mundo de conexión mental tan avanzada en que entra nuestro protagonista, y que dan, nuevamente, ese aire extraño al film. Y además, hecho con un presupuesto evidentemente ajustado que se nota en toda la estética del film, sobre todo en la fotografía hecha por Geoffrey Unsworth.

Por supuesto, destacar nuevamente todo el trabajo de vestuario y de arte, con ese mundo tan extraño, bebedor de lo griego pero lleno de futurismo con toda la presencia de elementos artificiales, vidrios y plásticos. Algo más forzado en maquillaje este apartado estético, sobre todo cuando, en la cara de John Alderton, colocan solo la mitad envejecida, en una falta de lógica con el guión que vale, mola, pero no tiene demasiado sentido.

Un montaje de John Merritt que, sin ser en absoluto espectacular, consigue dar buen ritmo a la cinta, destacando especialmente en esas escenas más psicodélicas y unas cuantas elipsis, aunque alguna de ellas excesivamente pronunciada, como un momento en el que Zed aparece junto a los viejos, donde el espectador puede sufrir un poco de desorientación espaciotemporal. Respecto al sonido, fundamental para dar ese aire de profundidad que pretende el guión, con un buen trabajo de cara a extrañamientos sonoros, tanto desde la música de David Munrow, como con el propio montaje de Jim Atkinson, con un claro ejemplo en el propio movimiento de la cabeza.


Estar medio viejo, explicación gráfica.

En cuanto al tema actoral, destacar obviamente a Sean Connery, con su presencia lejos del glamour de James Bond, y consiguiendo, especialmente hacia el final, un personaje muy completo y complejo, cuando se muestra tal cual es. Los demás, un poco más bajos, y forzándose más, aunque por ejemplo John Alderton funciona bien como comparsa y ayudando a descubrir el mundo, por mucho que no parezca tan desencantado como parece demostrar el guión.

Por otro lado, Charlotte Rampling al menos consigue transmitir sus dudas desde un comienzo, y su odio se va incrementando bastante bien, aunque su personaje acabe pasando un poco desapercibido entre los demás inmortales, y viéndose especialmente tapada por Sara Kestelman, que cobra más importancia hasta el final y consigue crear un personaje mucho mejor hilado, siendo la mejor junto a Connery.



Espejos. Desdoblamientos. Psicodelia. Y a pesar de la pretenciosidad, buen resultado.




Resumen:
Una historia postapocalíptica con ecos a El Mago De Oz y mucha reflexión existencial sobre la muerte y la relación entre la razón y los instintos humanos, que más allá de una ambientación bastante extraña, y en algunas cosas ridícula, consigue funcionar, además, como una buena aventura de hombre contra el sistema.



PUNTUACION

Originalidad/Riesgo: 9.0
Técnica: 6.5
Guión: 7.5
Actuación: 7.5

TOTAL: 7.5

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