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viernes, marzo 02, 2012

Der Golem, Wie Er In Die Welt Kam (El Golem)

Título: Der Golem, Wie Er In Die Welt Kam


Director: Carl Boese / Paul Wegener


Año: 1920


País: Alemania


Duración: 85









El rabino Löw (Albert Steinrück) ve, por medio de la astrología, que algo muy grave se cierne sobre el pueblo judío. Ante esta profecía, no duda en dar vida al Golem (Paul Wegener), un ser mitológico hecho de barro que le obedecerá. De este modo lo utiliza para poder beneficiar a su pueblo ante el emperador, que está iniciando una persecución contra los judíos.


La astrología, una fuente de conocimiento como otra cualquiera... al menos en el cine fantástico.


Cuando en 1920 Robert Wiene lleva a cabo esa locura visual que era El Gabinete Del Dr. Caligari, estaba claro que algo iba a romper en la industria cinematográfica. O que iba a suponer, al menos, un concepto interesante que, por supuesto, iba a ser copiado ávidamente por sus coetáneos. Y uno de ellos fue Paul Wegener, quien decidió volver a llevar a la pantalla la historia de El Golem, después de haberla adaptado al presente 5 años antes, y rellenándola de lo que ahora damos en llamar estética caligarista.

Así que, con esos principios bebedores del expresionismo pictórico de Franz Marc o Karl Schmidt-Rottluff (por citar uno de cada grupo) aplicados a la escenografía, Wegener crea junto a Carl Boese un film de terror original, que influenciará posteriormente al Frankenstein de Whale (también porque se relaciona con el libro de Shelley en cierto modo evidente por temática) y que juega, precisamente, con la percepción del espectador y su relación interior a las líneas sesgadas y figuras puntiagudas de la escenografía para crear una ambientación espectacular.

Algún día yo también tendré ventanas triangulares en mi casa.



Y si bien tiene razón Jean Mitry cuando en la Estética Y Psicología Del Cine (pág. 268) critica la falta de realismo que esto provoca, correspondiéndolo mucho mejor a la mente de un loco como hacía Caligari, aquí evoca un aire sobrenatural que solo afecta positivamente a la historia, y que tampoco tiene por qué entenderse como realista, pues quien nos lo narra también podría ser una mente enajenada. De todos modos, muchas de las escenas de exteriores (que desconozco si incluye lugares reales además de escenarios enormes), también presentan muchas de estas líneas, dando un aspecto de realismo chocante pero acorde al conjunto del film.

A este juego de líneas y ambientación, por cierto, se une el tratamiento cromático por medio de tintados en todas las escenas del film, apoyando todavía más todo este trabajo de orientación mental hacia los sentimientos y percepciones del espectador. Y, por supuesto, un diseño de los personajes en cuanto a vestuario y aspecto físico también bastante cuidado, aunque cayendo en un realismo mucho mayor (también por condicionantes obvios).

El riesgo de derrumbamiento, uno de los principales problemas de la arquitectura expresionista.


La historia, además, se desarrolla de un modo bastante coherente, sin caer en dar demasiada información extra, sino limitándose a lo que ocurre, y dividiéndose en 5 actos de los cuales el 5º supondrá un giro muy bien planteado que sirve de cierre a una historia que tendía a un convencionalismo bastante grande, dándole además al Golem esos principios de humanidad que no suponen más que una pequeña reflexión existencial a mayores de lo que se había contado. Curioso por cierto, el hecho de ambientarse en una persecución a judíos unos años antes de la aparición del nazismo en la agenda política, relacionada sin duda con la interpretación de Siegfried Kracauer en De Caligari A Hitler sobre el expresionismo como fuente de expresión de una situación social muy característica y jodida.

Por supuesto, tratándose de un film de 1920 que no es especialmente destacable al respecto, a ojos actuales el montaje y el uso de planos resulta poco fluido, a pesar de que la cámara no duda en escapar de la frontalidad y horizontalidad, a la que no obstante tiende constantemente, igual que a la estaticidad. También ocurre esto con la utilización muy habitual de iris que cierran y abren espacios, incluso reencuadrando la imagen para hacer picos en los bordes y volverlo todo más expresionista en un juego un poco cándido. Pero lo cierto es que en general, a pesar de hacerse algo pesado en ciertas partes como la central, el film funciona muy bien y muestra momentos técnicamente muy interesantes como las superposiciones de imágenes para contar historias a los personajes a modo de cine. Destacar, por cierto, y a modo de curiosidad, el momento en el que el Rabino Low se acerca a la cámara para mostrar la acción de sus manos en primer plano, en lugar de hacerse por corte o con un pequeño trávelling.

Quién quiere cine pudiendo tener magia?


Por otro lado, las actuaciones, convincentes y en su punto exacto de excentricidad. Porque claro, uno no puede mostrar esos escenarios y pretender que los personajes estén comedidos. Ernst Deutsch sería el más destacado a este respecto, tanto por su caracterización como por su movimiento y actuación general, dándole mucho interés a la continuidad de la peli, especialmente en ese tramo final del giro que comentábamos más arriba. Aún así, también Albert Steinrück está a un buen nivel, destacándose la secuencia de la invocación especialmente.

Paul Wegener, quien además de dirigir interpreta al Golem, bien a este respecto, aunque humanizando un poco de más a un personaje que, de este modo, se queda a medio camino entre el comportamiento frío de un robot, y el de un sirviente humano, quizás con algún tipo de tara. Pero vamos, que su función la hace con solvencia y de hecho consigue separarse de los humanos que lo rodean, que era lo esencial.

El Golem, con su cesta de la compra cual maruja.

Resumen:
Una peli que, retomando y adaptando mucho de las concepciones ambientales caligarescas, consigue crear una historia de terror que funciona a la perfección, con el mito del hombre creado por el hombre dentro de la mitología judía para proteger a su pueblo de la persecución. Cuestión no baladí en la Alemania de entreguerras.



PUNTUACION

Originalidad/Riesgo: 8.0
Técnica: 8.5
Guión: 7.0
Actuación: 7.5

TOTAL: 8.0

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miércoles, octubre 19, 2011

Das Wachsfigurenkabinett (El Hombre De Las Figuras De Cera)

Título: Das Wachsfigurenkabinett


Director: Leo Birinsky / Paul Leni


Año: 1924


País: Alemania


Duración: 83









Un hombre (William Dieterle) consigue trabajo como publicista de una caseta de figuras de cera. Allí se encarga de escribir historias para los personajes exhibidos, y escoge para ello a Harun Al-Rashid (Emil Jannings), un vicioso califa que intenta seducir a la mujer de un panadero y a Iván El Terrible (Conrad Veidt), que se obsesiona con que le intentan matar para usurparle el puesto, convirtiéndose estos relatos en la base fílmica que se nos presenta.

Lo más tópico a la hora de pensar en relatos enmarcados en relatos, es pensar en Las Mil Y Una Noches. Y aquí, casualmente, incluso resulta obvia la influencia en la historia ambientada en Bagdad, donde además algún plano en la huída me hizo pensar en El Ladrón De Bagdad. Esto último no se si por plagio o coincidencia ya que son del mismo año. Aún así, lo importante aquí es la manera de mezclar los relatos, usando ya la ahora clásica fórmula de presentar a los protagonistas de la historia continente en la historia contenida ejerciendo un papel también protagonista, de modo que desde un principio vayamos cogiéndoles cariño.

El caso es que las historias, enlazadas por esa publicidad para el gabinete de las figuras de cera, giran en torno a tiranos gobernando y dominando cruelmente a su pueblo, la primera más con el aire de aventura oriental, y la segunda desde una perspectiva cercana al terror y al drama, dando con esto bola a esa teoría de Kracauer que hablaba de visiones y temores al nazismo en la etapa expresionista del cine alemán. Todo ello, eso sí, planteado con una puesta en escena tirando a plana y poco dinámica incluso teniendo en cuenta su año de producción, aunque con algunos aciertos de imagen como serían el reflejo en el diamante del califa, o algún fondo de escenario recogiendo parte de la estética caligarista y un poco muy poco del expresionismo ortodoxo. Este caligarismo, eso sí, mucho más utilizado en la escena final, donde se mezcla con tintes de impresionismo y, mediante superposiciones, logra una secuencia onírica llena de movimiento y extrañeza muy agobiante y muy interesante.


PUNTUACION

Originalidad/Riesgo: 7.5
Técnica: 7.0
Guión: 6.5
Actuación: 7.0

TOTAL: 7.0

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